lunes. 26.02.2024

La proposición no de ley presentada por el PSOE e IU-ICV en el Congreso de los Diputados hace una semana para permitir el voto a los extranjeros residentes en nuestro país ya está cosechando las primeras críticas. La propuesta también insta al Gobierno a firmar convenios de reciprocidad con los países con más inmigrantes o con aquéllos a los que nos unen lazos especiales, para que los españoles residentes en dichos países puedan también ejercer su derecho a votar y ser votado. Una iniciativa que ha puesto los pelos de punta a más de uno. Es el caso de la asociación de independentistas canarios Titeroygakat, que el pasado miércoles escribía en el foro de este diario un comentario titulado “Inmigrantes al poder” en el que aparecían lindezas como estas: “Mientras los españoles existentes en esos países no pasan del centenar en España son varios los millones de inmigrantes que podrían ir a las urnas a votar, conseguirían incluso pertenecer a los grupos de gobierno de las instituciones oficiales viendo en el futuro, en nuestros ayuntamientos, alcaldes marroquíes, colombianos o chinos”.

Antes de emitir un juicio al respecto, habría que distinguir entre dos asuntos. En primer lugar, existe una más que notable falta de información acerca de los pormenores de esta proposición no de ley que sus impulsores deberían subsanar lo antes posible. Existen numerosas incógnitas tras los grandes titulares de prensa que deben ser aclaradas. Por ejemplo, la residencia no es un “estatus” que se adquiera de forma permanente, sino que debe ser renovada periódicamente, hasta en aquellos casos en los que se denomina “permanente”, que debe ser actualizada cada cinco años. Esto tiene consecuencias complicadas si lo aplicamos al caso que nos ocupa: ¿Qué ocurriría si un extranjero residente fuese elegido como representante público en unas elecciones, pero su tarjeta de residencia caducase antes de terminar la legislatura? Suponemos que no tendría problema en renovarla, pero la ley exige algo más que supuestos. Otro interrogante tiene que ver con la imposibilidad de aplicar los convenios de reciprocidad en determinados países debido a causas diversas (regímenes dictatoriales, prohibición del voto para los extranjeros), una de las preocupaciones de Titeroygakat.

En cualquier caso, una vez se despejen las dudas de carácter técnico-jurídico, habrá que posicionarse a favor o en contra de la medida en sí, y como se ha mostrado más arriba, algunos ya lo tienen claro. Lo preocupante son las razones esgrimidas por estas personas para rechazar una iniciativa que, en principio, parece que pretende ampliar los derechos de buena parte de nuestra población, como son los extranjeros. Es indignante el tono apocalíptico con el que los independentistas anuncian lo que ellos entienden como el peor de los desastres imaginables: “¡alcaldes marroquíes, colombianos o chinos!”. ¿Y por qué no? ¿De acuerdo a qué principios les rechazan como representantes públicos? ¿Cómo se atreven a posicionarse por encima de ellos? Son personas que viven en España, que pagan impuestos como todo el mundo, que cumplen con sus deberes como ciudadanos a pesar de que no se les reconoce el “estatus” de ciudadanía... ¿por qué negarles el derecho a votar y a ser votado? Lo irracional de sus afirmaciones reside en que detrás de sus palabras sólo existe una motivación: el rechazo al extranjero. Eso, respetables señores, se llama xenofobia. Piensen una cosa: quizás sean ustedes los que menos posibilidades tengan de acceder a un cargo público porque, al igual que la apología del terrorismo, la xenofobia no está permitida en nuestras leyes. Rechazan a países con regímenes dictatoriales y sin elecciones democráticas, mientras ustedes defienden una ideología basada en la exclusión del diferente. Sus posiciones no están tan alejadas de las que alientan los dictadores.

Mención aparte merece la proclama final de su escrito en el que aseguran que programarán “manifestaciones públicas en toda Kanaryas en contra del citado proyecto y solicitando la autodeterminación para el Pueblo Kanayo”. Claro, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid...

Xenofobia sin complejos
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