lunes. 26.02.2024

Un soldado patea la cabeza a un hombre arrodillado en el suelo.

Una mujer tirada en la calle se encoge de dolor mientras mira con pánico cómo un soldado golpea a su hijo.

Un grupo de hombres protestan con fuego, palos, piedras y machetes en la calle.

Un hombre coloca el cadáver de un niño en un ataúd de cartón.

Un hombre pega con una estaca de madera a un niño que trabaja como costurero.

Son algunas de las fotografías de la exposición “World Press Photo 06” que puede visitarse en Arrecife hasta el próximo 27 de agosto. Es una visita ineludible y muy dura. Las imágenes ponen literalmente los pelos de punta y hacen llorar. La muestra está pensada para que el observador conozca qué se esconde detrás de cada imagen y para que las emociones que provocan no se queden sólo en eso, en emociones. Todos los reportajes fotográficos están acompañados de una explicación escrita, de forma que lo que uno experimenta al ver las instantáneas se “coloca” en un determinado contexto y permanece durante más tiempo en la memoria. Esas personas que sufren tienen nombre y viven en un lugar concreto del planeta que todos compartimos. Tan cerca y tan lejos de nuestra vida cotidiana. Algunos ejemplos:

Hay un reportaje de cuatro fotografías situado en Liberia:

1) Retrato del jefe de una comunidad de leprosos con el ojo ciego abierto, una bola amarillenta y sangrante en la cavidad óptica. 2) Un niño ciego espera a que empiece la clase en el aula de un colegio, mientras sus compañeros hacen tiempo durmiendo la siesta. 3) Un niño escribe en braille. 4) Unos niños ciegos juegan al fútbol con un balón que contiene un cascabel.

Si sólo miramos las fotografías, veremos un reportaje sobre personas ciegas, sin más. Pero el texto nos desvela que muchos de esos ciegos perdieron la vista a causa de la desnutrición, o por enfermedades que, de haber sido tratadas a tiempo, no les habrían causado una ceguera. Detrás está una larga guerra civil que asoló Liberia, 77.000 invidentes y un 16 por ciento de población minusválida.

Otro reportaje se hace eco del sucio negocio que se esconde tras el tráfico de diamantes:

1) Hombres trabajando en una mina de la República Democrática del Congo mientras son vigilados por guardias armados. 2) Un traficante de diamantes en su “despacho”. 3) Un joyero de la 5ª Avenida de Nueva York. 4) Una fiesta de la alta sociedad de Londres con mujeres enjoyadas al lado de una mesa en la que está tumbada una joven desnuda con canapés sobre su cuerpo.

La industria del diamante, nos explica el texto, extrae su materia prima de una de las regiones más pobres y problemáticas del mundo. Los señores de la guerra y los grupos rebeldes utilizaron las ganancias de las minas bajo su control para comprar armas y financiar sus guerras.

Detrás de esas imágenes están las dictaduras, las guerras, la explotación infantil, la pobreza, el hambre, la falta de oportunidades, la misoginia. Pero también están el consumismo, la sociedad de masas, un sistema económico basado en la desigualdad, la industrialización de la cultura, la prostitución de los ideales, la falta de utopías. Exposiciones como ésta nos lo recuerdan. Por eso son necesarias.

Un mundo agonizante
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