lunes. 26.02.2024

En el año 2050 España sufrirá una sequía insostenible. En 2070 las playas y las casas de nuestras costas habrán desaparecido debido a la subida del nivel del mar. A finales de este siglo habrá una glaciación que acabará con la civilización tal y como la conocemos ahora.

Desgraciadamente, no es el argumento de una película de ciencia ficción, sino las predicciones de Antonio Ruiz Elvira, catedrático de física aplicada de la Universidad de Alcalá de Henares y experto en cambio climático. Todo eso sucederá si continuamos con la actual emisión de gases desbocada. La subida de concentración de gases en los últimos 140 años ha sido diez veces la que hubo en 5.000 años cuando se acabó la última glaciación.

Todos hemos escuchado que no existe consenso entre la comunidad científica a la hora de evaluar las consecuencias del cambio climático que ya estamos padeciendo. Pero resulta que últimamente se están alzando voces de investigadores que lo desmienten y aseguran que es un tópico falso. Lo cierto, dicen, es que el consenso internacional en absoluto entre los especialistas en la materia.

En España, aseguran, los próximos años experimentaremos algunos fenómenos extremos de forma cada vez más frecuente. No tendremos fuertes huracanes, pero sí tormentas similares al Delta que sufrimos en Canarias el pasado invierno. Las sequías serán más severas y se alternarán con lluvias torrenciales, pasando en poco tiempo de un extremo al otro.

África ya está padeciendo las consecuencias del calentamiento global. Las hambrunas allí se han triplicado desde los años 80. La triste paradoja es que el continente negro es el que menos contamina y el que más va a notar el cambio climático.

Los científicos que estos días dan cuenta del peligro que corremos si no hacemos algo para evitarlo también dicen que tenemos algo a nuestro favor: nunca antes hubiésemos podido predecir el futuro; somos conscientes del cambio climático y podemos hacer algo para invertir la actual tendencia. Elvira recuerda que nuestro Gobierno destina en los presupuestos para el 2007 unos diez millones de euros al cambio climático mientras que prevé dos mil millones para las autovías. La solución, dice, pasa por un cambio en las prioridades: destinar la mitad del presupuesto para carreteras al cambio climático. Como él mismo dice, iremos más despacito a las playas, pero al menos habrá playas a las que ir.

Para entender la gravedad de la situación, estos días puede verse en las salas de cine de España (desgraciadamente no en Lanzarote) un documental muy interesante sobre este asunto. Se llama “Una verdad incómoda” y está protagonizado por Al Gore, el candidato demócrata que se enfrentó a Bush en las últimas elecciones presidenciales y que perdió por unos pocos votos. Lleva muchos años estudiando el fenómeno del calentamiento global y ha decidido pasar el resto de sus días entregado a una misión muy especial: sensibilizar a cuantos más mejor acerca del cambio climático al que nos enfrentamos. Él también desmonta el tópico de la falta de consenso entre los especialistas en la materia y es especialmente crítico con la forma en la que los políticos estadounidenses se enfrentan a esta “verdad incómoda”. Estados Unidos es el país que más contamina del planeta y, sin embargo, se niega a ratificar el Tratado de Kioto.

Este es un problema que no forma parte de las preocupaciones del Ejecutivo de Bush, pero siendo la primera potencia económica mundial no debería ser ajeno a los datos que manejan los científicos. Sin ir más lejos, hace pocos días el primer ministro británico Tony Blair expuso por primera vez las consecuencias económicas del cambio climático: atajar ahora el efecto invernadero costaría un 1% del PIB. Es mucho dinero, pero de no actuar inmediatamente el calentamiento global reducirá en un 20% la economía global.

Si quieren saber más acerca del cambio climático pueden consultar la siguiente página:

www.frenaelcambioclimatico.org

"Una verdad incómoda"
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