lunes. 08.08.2022

Extraño el debate político, y que no me digan ahora que el intercambio de acusaciones con un fondo eminentemente electoralista lo es. Si es así, como decía Marcos Pérez, un afamado periodista caribeño ya fallecido, “a esto se lo llevó pindanga”. No sé qué o quién es pindanga, pero usted, apreciado lector, imagínese lo que quiera y estoy seguro que coincidimos en el meollo del asunto. Por estos días de nervios, escuchamos la emisión de propuestas generales: vamos a mejorar la sanidad, vamos a incentivar el transporte público, vamos a detener la construcción desordenada, vamos a tener viviendas de protección oficial y vamos... y vamos...y una lista interminable de vamos, pero proyectos concretos y realizables, pocos. De diagnósticos estamos hartos. Basta ya de generalidades y de más intentos de engañar al pueblo, es hora de diseñar y presentar un plan estratégico con objetivos alcanzables y sin plazos indefinidos. Un plan estratégico, por si algún político no lo sabe o se hace el desentendido, debe tener una clara misión (qué es lo que se persigue) y por supuesto una ambiciosa visión (sitio en el que se quiere situar lo administrado en un horizonte de cuatro o cinco años), lo demás es puro blablabla. En la campaña electoral de 2003, Coalición Canaria, especialmente en Gran Canaria y Tenerife pero con reflejo en las islas no capitalinas, estaba más preocupada por resolver el culebrón del famoso tándem Adán - Román ó Román - Adán, como fonéticamente suene mejor, que por comunicar un programa de gobierno o confrontar con sus adversarios. Finalmente, Román Rodríguez no fue el consejero de Economía y Hacienda del Ejecutivo canario como sí lo había sido Adán Martín durante el mandato de Rodríguez. Éste último, hoy líder de Nueva Canarias, abrió toldo aparte con sus seguidores después de múltiples y vergonzosos enfrentamientos públicos entre miembros de la entonces coalición de partidos. Más tarde, el Centro Canario Nacionalista también dijo adiós a CC. No es lo mismo una disputa del Gobierno de Canarias entre Adán Martín (CC), Juan Carlos Alemán (PSC- PSOE) y José Manuel Soria (PP), como se dio en 2003, que entre Paulino Rivero (CC), Juan Fernando López Aguilar (PSC-PSOE) y José Manuel Soria (PP), el único que repite, como está planteada para el próximo 27 de mayo. Estoy convencido de que a CC y PP les preocupa más la candidatura del ex ministro de Justicia que el respeto que pudieran profesarle a una hipotética candidatura encabezada por Alemán. Las entrelíneas de las declaraciones de Rivero denotan que para CC el candidato a vencer es Aguilar por encima de Soria, probablemente por el número de líos judiciales relacionados con la especulación urbanística en los que están inmersos varios militantes conservadores en Canarias. No hay duda, estos y otros errores se pagan en las urnas. En todo caso, los viejos zorros de la política no se cansan de advertir de que no hay rival pequeño y ningún partido puede jactarse de tener la victoria asegurada. Pero sigo extrañando el verdadero debate político en el ámbito autonómico e insular. Después, al analizar los porcentajes de abstención, no busquemos la fiebre en las sábanas.

Nervios electoralistas, por algo será
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