lunes. 26.02.2024

El peso de la industria del doblaje en España es un caso excepcional si nos fijamos en nuestro entorno europeo y en el resto del mundo. Mientras en otros lugares el doblaje de las películas o las teleseries es una excepción, en nuestro país se ha convertido en norma. Una norma que no es neutra, sino que tiene consecuencias para todos nosotros a la hora de representarnos el mundo más allá de nuestras fronteras. Una norma homogeneizadora que no permite escuchar otras lenguas y otras formas de expresión distintas y particulares. Un norteamericano no se expresa igual que un hindú, un chino, o un español. Ni siquiera la voz se modula de la misma forma. El modo en que se configuran las distintas lenguas refleja una determinada concepción del universo, que no es la misma en Oriente y Occidente, por ejemplo.

Nadie entendería que las canciones de los artistas extranjeros nos llegasen traducidas e interpretadas por españoles, por muy buenos cantantes que fuesen dichos dobladores.

Sin embargo, existe la creencia generalizada de que al doblar una película ésta no se resiente lo más mínimo. Pero en la caracterización de los personajes se tiene en cuenta, de manera especial, cómo estos hablan. Seguro que hay largometrajes que no pierden demasiado con el doblaje porque su objetivo es entretener y pasar un buen rato. Pero también sé que hay otras muchas historias que deben ser escuchadas en versión original para no ser traicionadas. Estos días tenemos en nuestra cartelera un buen ejemplo de ello con “Capote”. Philip Seymour Hoffman, el actor protagonista, trabajó durante meses para conseguir imitar la característica forma de hablar del famoso escritor norteamericano. Yo personalmente, tendré que renunciar a ver dicha película en la pantalla grande y me conformaré con el DVD de casa, que sí me permite elegir entre la versión doblada o la original.

Y es que el velo homogeneizador del doblaje también está siendo utilizado por los nacionalistas, de modo que las películas no sólo se doblan en castellano, sino también en eusquera, catalán o gallego. ¿No les dice nada el hecho de que un país sólo sea capaz de aceptar lo diferente convirtiéndolo en lo igual? Y ya centrándonos en lo que nos afecta a diario, ¿sería mucho pedir que uno de los pases de las películas comerciales que se proyectan en los dos cines de Lanzarote fuese en V.O.? Señores Spínola, nos alegrarían el día a muchos.

V.O.
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