sábado. 01.10.2022
La última novedad en el mercado tabaquero pretende hacer posible vivir en un espacio sin humos sin dejar de fumar

Fumando espero... ¿en donde quiero?

Ni es dejar de fumar ni buscarle un sustituto al cigarrillo, se trata de conseguir esquivar la ley antitabaco sin pisar la norma ni la salud de los demás

Va más allá de la ley, de la polémica y del perjuicio social. Ganas de fumar, buenas dosis de creatividad y una potente campaña de marketing se han unido para esquivar a la más que conocida y novedosa Ley Antitabaco. Eso sí, sin pisar la norma ni la salud de los demás. Ha salido un nuevo producto al mercado; a primera impresión parecen cigarrillos de plástico sintético pero, en realidad, se trata de una puerta abierta hacia lo impensable: que el fumador fume en donde quiera pero conservando un espacio libre de humos y olores.

Se trata de un moderno sistema que se ha ido desarrollando y perfeccionando a base de estudios médicos, técnicos y de mercado. Fumar sin humo es un invento alternativo que proporciona al fumador la nicotina del tabaco pero que no emite el molesto humo ni contiene todas las sustancias dañinas de los cigarrillos convencionales.

Lo que hacen las ganas...

La idea surgió de la mano y las ganas de un joven ejecutivo alemán que, incapaz de dejar de fumar, pensó en la manera seguir haciéndolo pero sin perjudicar al resto de personas de su entorno. Primero se lanzó al mercado en Suiza y en el próximo mes de noviembre aterrizará en España con perspectivas de éxito por nuestros altos índices de fumadores y la polémica siempre encima de la mesa.

Ni es dejar de fumar ni buscarle un sustituto al cigarrillo, se trata de conseguir que los esclavos del tabaco puedan satisfacer sus ganas en lugares públicos o cerrados sin pasar por encima de la norma ni de la salud de los demás.

¿Cómo funciona?

Tanto la cajetilla como los cigarros son prácticamente iguales a los de cualquiera de las marcas de tabaco que podemos encontrar en las tiendas estanco españolas. Los matices y las sorpresas llegan al abrir el paquete ya que, además de cigarrillos, encontramos una batería eléctrica, un cargador y un Stic de uso limitado. La pitillera sirve como envase de almacenaje y estación de carga, y tiene, aproximadamente, una autonomía de dos días.

Cada cigarro tiene dos partes diferenciadas. Por un lado, la parte Nic (filtro amarillo del pitillo) lleva un depósito integrado de nicotina y de aromas que evocan al clásico olor del tabaco. Por otro lado, la parte Stic (zona blanca del cigarrillo) posee una fuente de calor que se carga en unos segundos. Al encajar las dos y cargarlas algunos podrán acercarse a experimentar el cómo fumar sin molestar al resto, como si de un cigarro mágico se tratara.

Lo bueno, lo de siempre y la letra pequeña

Según la empresa pionera, consumir estos cigarrillos conlleva los mismos efectos que dejar de fumar. Eso sí, el posterior matiz que la compañía realiza merece un punto y aparte puesto que añade al anterior afirmación un “salvo por la nicotina que contiene”. “Es adictiva”, señalan, “pero no la causante de los trastornos de salud que amenazan a los fumadores porque no es cancerígena”, añaden, casi con letra pequeña para que el fumador lo olvide tras las decenas de ventajas que enumeran posteriormente.

Al igual que el chupa-chups, o las boquillas de plástico mentoladas, puede que a algunos les alivie la ansiedad que producen las ganas de fumar, más cuando estamos en un espacio en el que no está permitido o tenemos que viajar durante horas en un medio de transporte público. Apuntan a que “evitando malos olores mermará el riesgo de accidentes en el hogar, reducirá el absentismo laboral y mejorarán los sentidos del gusto y el olfato”. “No contiene las más de 4.000 sustancias nocivas de los cigarrillos convencionales ni emite humo”, continúan en el tríptico. Pero, teniendo en cuenta que no pretende sustituir al tabaco, que contiene nicotina y que no apuesta por luchar contra la ansiedad sino doblegarse a ella, las dudas no hacen otra cosa sino crecer. La mejor parte se la llevarán los no fumadores, o todos aquellos a los que no le agrade ni lo más mínimo estar en un espacio podrido de olor a tabaco.

Ni tiene el mismo sabor ni será barato. Ocupará más en nuestro bolso y además consume energía. Pero, en la era del progreso, del desarrollo y del capricho consumista, no sería de extrañar que estos cigarros anti tabaco arrasen en el mercado mundial a no ser, todo hay que decirlo, que a otra empresa le de por inventar el cyber cigarro, que suena mucho mejor y parece más chic y revolucionario.

Fumando espero... ¿en donde quiero?
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