lunes. 03.10.2022

Por Fernando Marcet Manrique

Ahora una de matemáticas. ¿Alguien sabe cuánto es 11 millones dividido entre 200? Lo acabo de calcular, y me da 55.000. Pues vale, me dirán, pues me alegro. ¿Y si continúo explicando que esos 11 millones es lo que se gasta INALSA en personal a lo largo de un solo año y que la cifra 200 se corresponde con el número de trabajadores entre los que se divide ese dinero?

55.000 euros anuales. Un pastón. 4.500 euros mensuales brutos, así como quien no quiere la cosa. Yo les pregunto, ¿quién gana hoy en día 4.500 euros brutos mensuales?, y yo mismo les contesto que aparte de algunos alcaldes, trabajadores de centros turísticos y demás, pues muy poca gente.

Ante este dato, para mí tremendo y descorazonador, me viene una cosa a la cabeza, cual es que el único plan de viabilidad que necesita INALSA con total urgencia es exactamente el mismo que necesitan el resto de administraciones y organismos pagados a través de los impuestos que todos apoquinamos. Un plan que contemple, de una vez por todas, acabar con la lacra funcionarial y con la sangría a la que nos tienen sometidos una gente cuya realidad salarial cada vez está a más años luz del resto de mortales.

Y ojo, que no estoy hablando de privatizar, aunque pueda parecerlo. En alguna que otra ocasión he escuchado comentar por ahí que si por ellos fuera privatizaban hasta los ayuntamientos, suponiendo que de esa forma se acabaría con el mamoneo y con la desidia que suele caracterizar los espacios de trabajo sufragados con fondos públicos.

Pero ¿saben qué sucedería si se privatizara INALSA? Pues que los consumidores seguiríamos pagando lo mismo, aunque ellos fueran menos a repartir. La empresa o empresas que gestionaran nuestra agua tendrían el monopolio y podrían permitirse endosarnos las cuotas que les vinieran en gana. Es como lo que sucede ahora mismo en el ámbito de la alimentación. Son empresas privadas, pero tanto la calidad como los precios dejan muchísimo que desear en comparación con otros lugares de Canarias o de la península. Como digo, serían menos a repartir, porque los únicos que se pondrían sueldos estratosféricos serían los mandamases, pero en cuanto a eficacia y precios, que es lo que nos interesa a los consumidores, estaríamos probablemente en las mismas.

De lo que se trata es de fiscalizar. Y de que los ciudadanos fiscalicemos a quienes tienen que fiscalizar. Los 55.000 euros de media que ganan los trabajadores de INALSA son consecuencia de la dejadez política, pero sobretodo de la dejadez ciudadana. ¿Dónde hemos estado nosotros? ¿Por qué nadie ha protestado mientras unos señores acordaban el precio que habíamos de pagarles de nuestro propio bolsillo? ¿Por qué no sale nadie a la calle cuando en un pleno unos cuantos políticos aprueban cobrarnos más por su tarea? ¿Por qué nos quedamos como si tal cosa cuando los trabajadores de determinado lugar público exigen cobrar más a sus jefes? Tenemos lo que nos merecemos, y en nuestro espíritu acomodado llevamos el pecado y la penitencia.

¿Y los sindicatos? Los sindicatos, quienes tradicionalmente han ejercido de “voz de la calle”, hoy por hoy también están mayoritariamente copados por funcionarios “bienpagados”, que no se quejan ni protestan por nada, pues van sobradamente servidos. Ellos están para reivindicar sus cosas, y mientras no les toquen sus paquetes vacacionales, el resto como que les da igual. Pues digo yo que entonces habrá que montar otros sindicatos. Sindicatos que estén a lo que hay que estar, por la igualdad social y la equiparación salarial entre trabajadores, más allá de monsergas soberanistas y folklóricas que nada tienen que ver con el sindicalismo.

En la sociedad lanzaroteña se está produciendo una fractura brutal entre asalariados públicos y quienes les pagamos. Mientras ellos pueblan casas terreras en las afueras, el resto hemos de soportar la hecatombe arrecifeña. Mientras ellos se suben sueldos con la complicidad de familiares y amigos políticos el resto hemos de tragar con los acuerdos que hacen a nuestra costa. Total, la cuenta la pagamos nosotros.

Hace falta un nuevo sindicalismo. Un sindicalismo que sepa enfrentarse a la clase funcionarial y política con resolución e independencia. Los empresarios, al menos en Lanzarote, ya no son el enemigo. Salvo los dos o tres que todos conocemos el resto se las ve y se las desea para sacar adelante sus propias lentejas. Los trabajadores autónomos y asalariados a cuenta ajena en general tenemos en la clase funcionarial y política a esos adversarios contra los que no cabe mirar para otro lado. Si no nos enfrentamos a ellos, si no les paramos los pies ahora, la brecha entre ellos y nosotros no dejará de crecer, y probablemente llegará un momento en el que el enfrentamiento estallará todavía con mucha más virulencia. No valen los viejos tópicos. No se trata de ser neoliberal, o de izquierdas o de defender a los trabajadores porque sí o de privatizar porque no. Se trata de supervivencia. De pura y dura supervivencia. Funcionarios, políticos, empresarios..., todos van a lo suyo. Todos tienen sus intereses y tratan de que prevalezcan sobre los de los demás. Ya va siendo hora de que autónomos, mileuristas y asalariados a cuenta ajena nos movilicemos para hacer valer los nuestros.

Por último me gustaría hacer un llamamiento especial a los periodistas de Lanzarote. Ustedes saben muy bien lo que son 4.500 euros al mes (más que nada porque no los han visto en la vida, como yo). Ustedes conocen la precariedad laboral y están soportando en sus propias carnes, como ningún otro sector, las consecuencias del monopolio alimentario insular, y de unas hipotecas que no dejan de subir. Son conscientes, como nadie, de que todos esos que viven a nuestra costa necesitan ser fiscalizados, controlados de algún modo, llamémosles políticos o funcionarios. Y que nadie lo está haciendo. Los unos enchufados por los otros, el sindicalismo secuestrado y el movimiento social perdido en historias folklóricas. Son ustedes, los periodistas, quienes pueden ayudar a cambiar las cosas, llevando los micrófonos a los sitios adecuados y mostrando las imágenes que la gente necesita para movilizarse y exigir. Ellos viven en su mundo del extrarradio, mostrémosles en sus mismas narices cual es el mundo que habitamos los demás, a ver si entre todos conseguimos condicionar un espacio común que no suponga el abuso flagrante de unos sobre los otros. Hagamos algo ya.

Manifiesto del no funcionario
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