lunes. 08.08.2022

Por Antonio Guerra

Decía alguien por ahí, y no hace tantos años, que el fútbol y la religión eran el opio del pueblo –hoy diríamos la mandanga, los canutos, pastillitas y otras formas más o menos estrafalarias y raras de comerse el coco el personal–. Pero partiendo siempre de la apelación al ominoso franquismo, donde el conocimiento y la información eran considerados como pura droga dura y, por lo tanto, blanco impoluto a quien todos los días los funcionarios y también muchas gentes de la inteligencia, como por ejemplo el galardonado Sr. Cela, enviaban las balas indeseables de la censura, fórmula que ahora, emulando viejas estrategias fascistas, y en aras de restringir gastos adoptan nuestros mandamases canarios, quitando, borrando, suprimiendo o eliminando, en primer lugar y de forma perentoria ese letal capítulo (como si la conocimiento fuera un gasto vano y no una inversión), pero, eso sí, sin que los políticos dejen de percibir colosales sueldos, coches oficiales y otras mariconadas por el estilo como, per example (en francés), hace un ínclito concejal santacrucero que dispone de dos guardaespaldas para salvaguardar su sagrada persona. ¡Chúpate esa!

Y es que queremos alertar a las instituciones culturales de toda índole y condición de que esos tíos van a por ellos, que es como ir por la ciudadanía, pues la ignorancia sigue siendo rentable electoralmente para la oligarquía que nos domina desde hace más de treinta años. A las cifras nos remitimos. Y es que instituciones, como la importante: “Fundación César Manrique” tan necesaria para esa isla de Lanzarote, El Museo Canario de Las Palmas, El Festival de Música de Canarias o el Centro de la Cultura Popular Canaria, como muestra entre muchas otras entidades culturales isleñas, pueden poner las barbas de remojo, pues este Gobierno Canario los va dejar con el trasero al aire durante muchos años. Al fin y al cabo, para ellos son más importantes otras cuestiones más populares o lúdicas (carnavales, ventorrillos, voladores etc., etc.) que la educación y la ilustración de su querido pueblo, al que maltratan continuamente cortando el grifo de las subvenciones a las cosas serias.

Ha sido y es lamentable, por ser educados en la apreciación, la persecución y agotamiento financiero al C.C.P.C. Una entidad con sedes en La Laguna y Las Palmas, que durante más de treinta años ha editado cerca de mil títulos y sacado al aire canario cientos de discos de las más diversas agrupaciones musicales de todas las islas, y donde en sus instalaciones, modestas pero llenas de vida intelectual, se celebran a diario conferencias de todo tipo (político, ambiental, folclórico, social) y se exhibe cine gratuito. Pues, pese a todo este bagaje cultural ofrecido al ciudadano de forma generosa y de dar ocupación a varias docenas de empleados, las autoridades autonómicas le han puesto la proa y van a por él de forma descarada para fusilarlos financieramente al amanecer sin ninguna contemplación. Esas gentes, nuestros mandones, parecen preferir aquella disquisición tan indeseable del General Millán Astray de “¡Muerte a la inteligencia, viva la muerte!”, sin recordar que son las buenas obras las que perduran. Que Dios nos coja confesados.

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La ignorancia es rentable… electoralmente
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