lunes. 08.08.2022

El pasado 31 de diciembre, antes de la media noche, veía con un grupo de amigos el infaltable resumen noticioso del año en unos de los tantos canales sin fronteras. El especial lo cerraba la crónica de la ejecución de Sadam Hussein. Al terminar el programa, una de las espectadoras dijo en voz alta que ahora solo faltaba encontrar y juzgar a Bin Laden, a lo que de inmediato contestó su marido en voz aun más alta: “No, primero hay que juzgar y condenar a Bush, Blair y Aznar”. Y me reservo los epítetos que prosiguieron a la afirmación. Silencio reflexivo en la sala, y, seguidamente, cambio de canal en busca de la transmisión de las campanadas. Es difícil olvidar la foto de los tres ‘angelitos' sonrientes en las Islas Azores (Portugal), días antes de comenzar la invasión a Irak, arropados bajo el pretexto de atacar por la existencia de armas de destrucción masiva, mentira plenamente comprobada. Un cuestionado tribunal irakí condenó a la horca a Sadam Hussein por genocidio. Muerto el ‘El Terminator', ¿quién debe juzgar a Bush, Blair y Aznar? La ocupación a Irak, con incontables muertes civiles, entre las que cuentan las de muchos niños, y destrucción de infraestructuras básicas para la supervivencia humana, tiene responsables con nombres propios. ¿Cuál debe ser la condena por la seguidilla de atrocidades? Si bien Bush, Blair y Aznar aun no han sido juzgados por los llamados tribunales oficiales, como apunta el analista internacional Carlos Tena, sí han sido denunciados en foros tan importantes como el IV Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, celebrado en Roma el año pasado. Es probable que el juzgamiento a los genocidas se produzca en función de su capacidad armamentística y económica. La realidad del día a día nos lleva a esta conclusión. Recordamos más la invasión a Irak, quizá por el despliegue informativo alrededor de ella, pero no somos ajenos a otros genocidios. La invasión a Palestina por Israel deja muertes por doquier, el bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba se ha cobrado vidas humanas, los intentos desestabilizadores a los gobiernos como los de Venezuela y Bolivia, que no se alinean al guión de las potencias, es también en el fondo una agresión contra el pueblo. En fin, nombres y causas sobran para juzgar y condenar por delitos peores a los cometidos por Sadam Hussein, pero la hipocresía reinante no lo permite. Hussein ya pagó, así que cada uno debe cargar con el pedazo de responsabilidad que le corresponde.

¿Quién juzga a los ‘angelitos' de las Azores?
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