lunes. 08.08.2022

Pensé muchísimo en darme de baja de un seguro médico que tenía hace cuatro años y que cobijaba también a mi mujer y mi hijo. No es que pretenda, ni mucho menos, hacer publicidad de los mismos, pero mi única visita al Hospital General de Lanzarote en calidad de paciente me causó un sentimiento de culpa por renunciar a la asistencia privada. Esperé más de un mes para una cita con un especialista y salí totalmente desencantado de lo que fue una consulta fugaz, sobre todo porque el facultativo, con evidentes síntomas de tener prisa, ni siquiera me dejó contarle con sosiego las razones de mi visita y los antecedentes del problema que padezco. Justo unos días después, el director insular de Sanidad, Juan Manuel Sosa, anunciaba que la Isla recibiría un importante refuerzo de médicos especialistas. Al doctor Sosa, quien considero que está haciendo un trabajo significativo para mejorar los servicios sanitarios de Lanzarote, le recomendaría que no sólo es traer especialistas por traer, sino que los ciudadanos necesitamos especialistas con vocación de servicio y solidaridad. Entiendo perfectamente que la Isla ha soportado una explosión demográfica en los últimos años y que como consecuencia de ello los distintos servicios públicos e infraestructuras están saturados, pero esta situación no tiene nada que ver con la atención que merece cualquier paciente así tenga sólo un resfriado. Mi caso puede parecer una tontería al lado de la denuncia de una señora que contaba la forma en que un médico la invitó a que se tirara por la ventana porque le sugirió que revisará las radiografías que le llevó antes de infiltrarla. Para ser serios tampoco podemos decir que es la generalidad, sin embargo, no son ni una ni dos las quejas que recibe el periódico en la misma dirección. Lo curioso fue que le conté mi historia a otro paciente del mismo médico y sin dar mayores explicaciones me dijo: “ves a su consulta privada, le pagas y te darás cuenta de la diferencia”. Acaté el consejo de ir a un médico privado, por supuesto no al mismo, aunque lo sintió el bolsillo porque además de pagar la consulta tuve que correr con los gastos de los exámenes. Total, estoy pensando seriamente en volver a contratar el seguro. Parece caro, más de 160 euros mensuales, pero cuando te enfermas lo agradeces. ¿Cuándo será el día en que podamos desistir de él con tranquilidad?

Queja del yo paciente
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