jueves 9/12/21

Igualdad en tiempos de pandemia

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró en Marzo de 2020 el Covid19 como pandemia, la incertidumbre es la única certeza que nos acompaña. La pandemia ha puesto a prueba el sistema sanitario y de protección social de cada país, incluido el nuestro. También pone a prueba nuestros valores como sociedad, que creíamos firmes, pero que se ven sacudidos por el temor y la desinformación ante el Covid19.

La solidaridad, la tolerancia y el respeto a las diferencias entre las personas son disminuidas por la xenofobia y racismo que infunde rumores, provocando actitudes discriminatorias que hemos podido ver cómo se repetían en distintas partes de nuestra geografía, la mayoría centradas en personas inmigrantes.

Pero esta crisis de la pandemia no ha afectado a todas las personas por igual. Está teniendo y tendrá un impacto negativo más significativo en aquellas personas que presentaban ya antes una situación de mayor vulnerabilidad: personas con trabajos precarios o sin empleo, personas sin hogar, personas con discapacidad o enfermedades crónicas, personas mayores, personas migradas, etc.

La pandemia tiene el poder de visibilizar nítidamente y magnificar las desigualdades preexistentes. Asimismo, la desigualdad de género explica que dentro de estos grupos las mujeres estén más expuestas a esta crisis en términos de discriminación, violencia y vulneración de derechos.

Por tanto, se hace necesario conocer el alcance del impacto de género que produce la pandemia en las dimensiones sanitaria, social y económica,  e incorporarlo en la respuesta de una crisis que, por sus propias características, afecta de manera diferente a mujeres y hombres. Estas características, según los datos obtenidos hasta ahora, nos muestra que son:

• Sobrecarga del trabajo sanitario y de servicios esenciales: las mujeres representan el 70% del personal sanitario en todo el mundo y son mayoría en sectores del comercio de alimentación y de los servicios de limpieza hospitalaria y de residencias que son esenciales para el mantenimiento de las poblaciones.

• Centralidad de las tareas de cuidados: las mujeres siguen realizando la mayor parte del trabajo doméstico y cuidado de personas dependientes, remunerado y no remunerado, asumiendo también una mayor carga mental derivada de la misma. Además, muchas mujeres se ven abocadas a no poder seguir trabajando por tener que hacer frente a las tareas de cuidado al encontrarse los centros escolares cerrados.

• Las mujeres sufren mayor precariedad y pobreza laboral, lo cual las sitúa en un peor lugar para afrontar un nuevo periodo de crisis (especialmente mujeres jóvenes, las mujeres con baja cualificación y las mujeres migrantes), además algunos de los sectores más afectados, como el comercio, turismo y hostelería, están altamente feminizados. En sus últimas proyecciones la OCDE prevé que el turismo ha tenido una reducción de actividad del 70%. 

• Aumento de la violencia de género y otros tipos de violencia contra las mujeres derivado de la situación de confinamiento.

La crisis del COVID-19 ha variado drásticamente las agendas y prioridades políticas y sociales y todas las políticas públicas deben reorientarse para dar respuesta a dichas prioridades. En este sentido, es imprescindible tener en cuenta la perspectiva de género, para que las medidas que se adopten en el corto, medio y largo plazo sean lo más efectivas posibles.

Se aproxima el 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, necesitamos más que nunca que nuestras instituciones públicas, los ayuntamientos, cabildos y Gobierno de Canarias, cada uno en el marco de sus competencias, coordinen medidas adicionales dirigidas a prevenir, controlar y minimizar las posibles consecuencias negativas en las vidas de muchas víctimas de violencia de género devenidas de las medidas de confinamiento.

Por: Isabel Sosa Corujo, secretaria de Igualdad de Coalición Canaria Lanzarote.

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