jueves 21/10/21

El Rey León, el buey, la mula y una tal Ana Rosa

Martes 4 de diciembre del estertor de 2012. En Madrid, mientras esperábamos el arranque del musical El Rey León, se escuchan aplausos antes de su inicio. ¿Y eso? Entraba en el teatro una pareja. Ella presenta no sé qué programa de cotilleo televisivo en esa escuela para toletes que es Tele 5. “¡Es Ana Rosa!”, exclama una chinija a mi lado. Y venga la gente a aplaudir a la única que probablemente entraba allí sin haber pagado previamente los 80 euros de la entrada. ¿A quién carajo le importa que entre en la sala esa tal Ana Rosa? Pues a la mayoría, visto lo visto. Y todavía hay gente que se extraña de que la telebasura barra en audiencia. Así está el país, echadito a perder con esta cultura del retrete catódico o catatónico. Te lo regalo.

Cerca de allí, mi garganta profunda en el Palacio de La Moncloa me cuenta, no sé si más asombrada que encantada, que dentro de unos días se volverá a instalar el Belén, después de ocho años de ausencia (los que estuvo morando allí Zapatero, el peor presidente de lo que llevamos andado de falsa democracia y verdadera partitocracia). ¡Albricias! ¡Aleluya, cada uno con la suya! Venid y vamos todos con flores a Soraya (Sáez de Santamaría), la rescatadora de esa costumbre tan cristiana.

Por aquí abajo, pese a la crisis más profunda que vieron mis años conscientes, algunos inconscientes de la política no parece que quieran darse por enterados de la misma, y apenas principia diciembre andan ya perdiendo el traste para recargar pueblos y ciudades de los (ahora más innecesarios que nunca antes) machanguitos navideños por todas las esquinas. El dinero que falta o que se regatea para obras y servicios básicos se sigue derrochando en luces, ruidos y simplonadas similares, llueva o truene. Es la política del volador, que incluye romerías y carnavaladas varias. Populismo en estado puro, jaleado o alentando en no pocas ocasiones por el infraperiodismo que también padecemos en Canarias, como es triste fama.

El hotel de Madrid al que vengo esta semana aparece ya también revestido de motivos navideños. Pero es un hotel. Un negocio privado. Allá ellos con sus perras, o con las perras que les dejamos sus clientes. Pero los políticos a los que me refería en el párrafo anterior disparan, como de costumbre, con pólvora de rey… y además yerran el tiro, porque no disparan contra el mal verdadero (la crisis de la que no sé si ustedes habrán oído hablar).

Los optimistas pensaban el año pasado/pesado por estas mismas fechas que la más triste Navidad sería la de 2011, pero le va a ganar la partida melancólica 2012… y probablemente repetirá hazaña 2013, al paso cambiado/cambado que llevamos de un tiempito para acá.

A este ritmo de decadencia, no sólo económica, como ya queda dicho, serán las próximas las más amargas navidades que recordará casi todo hijo de vecina, a excepción de políticos en ejercicio o los mil y un adosados de los mismos. Para el resto, el más negro carbón de la crisis que nos legó en España el malhadado y mencionado José Luis Rodríguez “El Puma” (Zapatero, quise decir), cuyo partido/rajado anda ahora pidiendo perdón por boca o bocaza de algunos militantes o militontos del mismo. A burro muerto, cebada al rabo. A conejo ido, palos a la madriguera.

Los tristes cuentos navideños de Charles Dickens suenan cada vez menos a historia-ficción. Sí, sólo es Navidad, pero hemos engordado tanto el mito y la leyenda que le damos una importancia que no tiene. Ni el Papa de Roma tiene claro lo del nacimiento del Chinijo Dios. No les digo más. Benedicto XVI caía en esa cuenta elemental hace apenas unos años, como publicaron allá por 2008 todos los periódicos de la época. En 2012 acaba de descubrir que en el portal de Belén no había ni mula ni buey. A buenas horas mangas verdes. Tarde les llega el aviso a los belenistas de toda la vida de Dios. Pero verdad es también que ese no es el único ni el más pequeño de los mil y un contrasentidos bíblicos, como ya hemos señalado aquí mismo en varias columnas anteriores. (miguelangeldeleon.blogspot.com).

El Rey León, el buey, la mula y una tal Ana Rosa
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