jueves. 29.09.2022

Llevo una semana, o casi, sin salir de casa, por un resfriado contumaz. De esos de paracetamol y jarabe. Seguramente por eso se me ha desenfocado la capacidad de análisis y lo veo todo negro, así que mañana saldré de aquí, de este arresto domiciliario, aunque tosa. Me ha dado tiempo a escuchar a Zapatero decir que el problema de Venezuela lo es entre dos sectores de la sociedad y que ha estado 38 veces en Caracas desde 2013; y al periodista peruano Jaime Bayly responderle que se puede ser tonto, aunque se viaje. Lo que pasa entonces es que uno se convierte en un tonto viajado. Zapatero está armando la zapatiesta, protegiendo y justificando a un régimen genocida y criticando a otro régimen, esta vez títere de los americanos, que como casi siempre tiran la piedra y esconden la mano. En fin, que yo no quiero -y menos en mi aislamiento- hablar de política, como ustedes bien saben. Pero sí quiero dejar claro que Zapatero no da un paso sin cobrarle a Maduro por su generosa posición. El desenfoque mental, en mi actual estado de postración, es tal que el otro día soñé que a mi hermano lo habían nombrado delegado del Gobierno y me había ofrecido un puestito de conserje en el Gobierno Civil, o como se llame ahora. Me ha salido barba y me parezco ahora a aquel indigente gomero que le hacía versos a mi abuelo, a cinco duros el folio. Si mezclo sueños y mendigos con el frío que hace, joder, vaya mala época. Pero mañana sin falta me echo a la calle, a coger fresco, aunque me responda la Naturaleza con su virus más jodido de quitar. Estoy harto de tener que ver la televisión, del rictus de Pedro Sánchez y de la jodienda de la derechona.

Publicado en Diario de Avisos

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