jueves. 29.09.2022

Oh, Dios, en mala hora. Me hallaba yo en Los Limoneros, con Lucas Fernández, presidente de este periódico, y otras gentes, cuando apareció por allí el bueno de Orsini, el factótum de Prensa Canaria/Prensa Ibérica/Todas las prensas/ y se me ocurrió decirle, cuando lo reconocí: “Oye, Orsini, a ver cuándo echas a Pomares de El Día”. Yo, por hacer la gracia y porque El Día es de La Provincia, como saben. Los dos periódicos dicen lo mismo. A lo que Orsini, pleno de reflejos, respondió, mirando fijamente a Lucas: “Yo echaré a Pomares cuando Lucas te eche a ti”. A Lucas se le iluminaron los ojos y se le puso cara de fenicio cambiario de una plaza de Túnez. O sea, que me da que a Pomares, y como consecuencia a mí, nos quedan cuatro días oliendo la tinta fresca. He de decir, a mayor abundamiento, que Lucas sacó una servilleta de papel y en ella firmaron nuestra sentencia de muerte súbita Orsini y él mismo. Los grandes negocios se hacen siempre en una servilleta de papel. Los camareros de la Francia recogían y guardaban como tesoros las que Picasso garabateaba con un lápiz en los restaurantes de París, mientras Óscar Domínguez trepaba por los árboles dando alaridos contra el ejército alemán. La cosa es que no tengo barba, o sea que pondré a remojar lo que me queda de lo otro, que es más bien poco. Mientras se sustancia la operación (que yo creo que no tiene nada que sustanciar) aprovecharé para escribir lo último, porque lo firmado en la servilleta de papel, firmado está. Pocas veces he visto a gente tan feliz. Luego, Lucas y Orsini pidieron una botella de Cristal, que en Los Limoneros debe costar como 500 euros, y agarraron tremendo pedo. Ahora Pomares se dedicará al cómic y yo a nada.

Publicado en Diario de Avisos

Pon las barbas a remojar
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