miércoles. 17.08.2022

Mi tía Minita, que murió hace años, era una gran profesora de inglés. Se había casado con un dinamarqués, se había divorciado y hablaba varios idiomas, entre ellos algunos de esos lenguajes nórdicos que nadie entiende. Mi tía Minita me repetía que en Dinamarca los obreros iban a la ópera y que nadie escupía en el suelo. Esto me lo contaba hace sesenta años, o así, en plena España del escupitajo y la escasez de cultura. Todavía somos un país tan poco dado a la modernidad y tan metido en la umbría que votamos a los comunistas. Los comunistas tienen una asignatura pendiente con España: nunca les han ganado una guerra a la derecha, así que ahora quieren ganarle la batalla del siglo XXI, la guerra de las redes, las guerra de los bulos, la guerra de lo que ahora se llaman fake news, noticias falsas. Han encontrado entusiastas compañeros en socialistas obsesionados con el poder, que siguen el juego a bolcheviques irredentos, a esos que van poco a poco comiéndose al pueblo por los pies para arriba hasta que llegan al cerebro. Somos tan pardillos que no nos damos cuenta. Optimista que soy, como lo fue mi padre y como lo fue mi abuelo, no creo que lo consigan porque en el país del Lazarillo de Tormes casi siempre aparece una mente lúcida que da al traste con los dictadorzuelos de aldea y los aspirantes montaraces, tipo Evo, Fidel, Daniel Ortega y Nicolás Maduro, este último un torpe chófer de guagua del metro de Caracas. Mi tía Minita tenía razón, los obreros van a la ópera en Dinamarca y nadie escupe en el suelo. Aquí todavía tenemos que caminar sorteando pollos pegados al asfalto. Nos queda mucho que aprender, y eso que fuimos los que inventamos la novela picaresca, pero andamos muy despistados a la hora de detectar comunistas.

Publicado en Diario de Avisos

Mi tía Minita
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