jueves. 29.09.2022

Las rebajas arrastran más gente que los Reyes Magos. Las rebajas empiezan ahora antes del día de Reyes, así que todo está desvirtuado, como el país mismo. La gente gasta sin parar, pero como se atisba una crisis, la gente quiere almacenar hasta lo superfluo y no para de comprar. Bien, ganan los comerciantes -que siempre se quejan- y yo me alegro, pero les juro que ayer en Santa Cruz se produjo un colapso de tráfico porque el personal se echó a la calle no sé si a comprar o en un afán desproporcionado por cambiar todo lo que le regalaron por Reyes. Maldita la gracia que me hace escribir de estas cosas, pero es la actualidad. ¿O ya no se acuerdan cuando una señora dejó pegada su dentadura postiza en el culo de otra -en unos almacenes de Tenerife-, en la lucha de ambas por atrapar una lata de aceite rebajada? La gente busca entre montañas de bragas, que son todas iguales, intentando coger la más bonita, cuando todas son la más bonita. Un hombre se prueba un jersey que le queda corto y empieza a tirar de la pretina de la cintura hasta que se queda con ella en la mano y luego deja la prenda herida en el monturrio y se va, disimulando. El gentío se arremolina ante las gangas, que no son tales, ni siquiera en los outlet. Ayer intenté comprar un chaleco en uno de estos almacenes y me pedían 106 euros. “Pero, coño, ¿cuánto valía antes de su devaluación?”, pregunté al dependiente. Muy serio, me respondió: “Un 37% más”. Yo también dejé la prenda en el monturrio. Ya le diré a alguien que me deba un favor que me regale el chaleco por mi cumpleaños. Pero a lo mejor en agosto ya no está.

Publicado en Diario de Avisos

Lío en los grandes almacenes
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