sábado. 01.10.2022

Si no se hubiera muerto Chanquete, habríamos tenido cinco vicepresidencias. La de Pesca para el popular personaje de Verano Azul. Maravilloso país este en el que los diputados electos lloran y la derechona se rasga las vestiduras, movida por su propia impotencia. Aquí, en el insularismo profundo, se cabrean, unos sí y otros no, con Ana Oramas por su espantada. Ya lo dijeron Alaska y Dinarama: “Mil campanas suenan en mi corazón/qué difícil es pedir perdón”. La Quícara primero la hace en el hemiciclo y luego pide perdón. Lo refirió Cristo, creo, y los papas, creyendo seguir su mandato, crearon el sacramento de la confesión para que la Iglesia siempre estuviera bien informada. Desde un crimen a una infidelidad. Puedo hablar de religión, me parece, pero me debo a la autoridad cuando hablo de política, aunque me parece que sí puedo decir que la Quícara, igual que yo, pertenecemos a la burguesía chicharrera y no le quedaba otra. Los insularistas de Fuerteventura y de Lanzarote son más los herederos de los siervos de la gleba, incluido Barragán. Así que su pensamiento, si nos atenemos a los parámetros medievales, son más de obediencia que de independencia. En fin, la política es muy complicada, mucho más que nombrar a Chanquete, si estuviera vivo, vicepresidente de este maravilloso Gobierno que vamos a estrenar el domingo. Habrá más vicepresidentes que ministros, lo cual confirma la tesis de Fraga (Dios lo tenga en su gloria) de que España es diferente. Claro que lo es. Tenemos hasta un rey con esposa plebeya que respira república por sus poros. Esto no lo mejora Antonio Mercero en una serie playera. Por lo demás, el año se presenta bueno, saquen las bicicletas y pónganse a silbar la bonita melodía de Verano Azul. ¡Chanquete ha muerto! ¡Viva Chanquete!

Publicado en Diario de Avisos

Si no se hubiera muerto Chanquete
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