jueves. 29.09.2022

Lo del virus ha pasado a ser asunto de sicólogos y de economistas, ya no tanto de médicos e investigadores, que también. La necesidad de un remedio clínico ha cedido el liderato a la histeria colectiva y a la ruina de mucha gente. Al tiempo de encontrar la cura de una enfermedad generalmente leve, pero contumaz y extendida, es preciso encontrar la fórmula para devolver la moral a la gente, que empieza a desgastarse gravemente, y a solucionar el tema económico. Muchas pequeñas empresas e infinidad de autónomos van a caer y las grandes firmas experimentarán pérdidas que harán morir a miles y miles de empleos. Todo esto coincide con un Gobierno dividido: el PSOE demuestra su incapacidad para caminar solo y sus socios podemitas su afán de aprovechar la coyuntura para nacionalizarlo todo, según los cánones del viejo comunismo. Qué decir de los nacionalistas, esas egoístas termitas destructoras de la unidad nacional. Todo está en crisis, hasta la monarquía, cuyo antiguo prestigio nos salvó del caos el 23 F, y que ahora naufraga, pierde el estilo y hace tambalear al Estado. A mí me gustan mucho más los artículos de humor, pero mi aislamiento como individuo en situación de riesgo me hace reflexionar sobre lo que ocurre y no dar pábulo a mi despreocupación habitual. Qué barbaridad, qué mala hora, qué sensación de que todo se acaba. Ya pueden los sicólogos desplegar todo su poder sobre los individuos y disipar esta nube negra que nos sirve de paraguas, antes de que sea demasiado tarde. La neurosis me impide incluso sacar la basura y el otro día acudí a un cajero con guantes de cirujano a sacar mis últimos 50 euros para pagar la luz. ¿Qué pasará mañana? No sé, al menos este mes parece que llegará la paga de jubileta. El mes que entra no estoy seguro.

Publicado en Diario de Avisos

Asunto de sicólogos
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