lunes. 03.10.2022

Por Fernando Marcet Manrique

El presente artículo puede catalogarse como interactivo, en cuanto que sería recomendable acompañar su lectura mientras se visualiza un proyecto que pueden encontrar accediendo a la página http://maps.google.es y tecleando en el buscador (donde pone “buscar en el mapa”) el texto “Arrecife, Fernando Marcet”, sin las comillas.

Decía en mi último escrito que hoy en día cualquier niño de doce años está en condiciones de proyectar toda una ciudad gracias a herramientas como el “google maps”, y he querido ponerme a ello yo mismo, por aquello de predicar con el ejemplo y demostrarme, sobre todo a mí, que no estaba exagerando un pelo, pues no me cabe ninguna duda de que las habilidades internáuticas de cualquier chaval de doce años seguramente superarán con creces las mías.

Contextualicemos un poco: Los mapas de google te ofrecen la posibilidad de visualizar cualquier sitio del mundo desde las alturas, con una calidad de imagen asombrosa incluso para posiciones relativamente cercanas. Esto quiere decir que si te acercas a la ciudad de Arrecife, como yo he hecho, puedes ir mirando las distintas edificaciones, los parques existentes, las carreteras, los solares no construidos, etc. Si encima conoces un poco la ciudad, porque vives en ella, entonces todo es mucho más fácil, pues en seguida reconocerás los colegios, los lugares en los que juegan los chavales, las zonas para practicar deportes o los espacios comerciales. Por si todo esto fuera poco (y lamento dar la impresión de ser una especie de publicista de google, espero sepan entender que sólo me mueve el entusiasmo de dar a conocer una herramienta que a mí me parece poco menos que revolucionaria en el ámbito ciudadano, además de gratuita), en los mapas de google podemos crear nuestras propias formas geométricas, dibujando las zonas en las que nosotros haríamos actuaciones y ofreciendo explicaciones de las mismas.

Esto es justamente lo que he hecho. Me he dedicado a buscar en la ciudad aquellos espacios en los que yo intervendría de algún modo. Por supuesto, se trata de mi visión particular, y lo que quisiera remarcar aquí es que ninguna de las actuaciones propuestas pretenden ser más que un mero ejercicio práctico, aunque alguna de ellas pueda ser susceptible de realización (y tampoco me arrogo la originalidad de casi ninguna de ellas). Mi desconocimiento acerca de los distintos propietarios de los terrenos es absoluto y tampoco soy dueño de ningún solar que pudiera deslegitimar un tanto mi opinión. Simplemente, he jugado a ser dios por un día y a imaginar qué cosas me gustaría que fueran realidad en Arrecife para que llegara a ser esa ciudad de la que sentirme orgulloso, ese lugar en el que sentirme a gusto y en el que yo imagino la mayoría de la gente se sentiría a gusto, aunque pueda equivocarme.

No sé si conocen el juego Sim City. Se trata de un videojuego en el que tu objetivo consiste en construir una ciudad próspera, de tal forma que los ciudadanos que en ella habiten sean lo más felices posible y la situación económica del ayuntamiento consiga mantener un buen balance, a ser posible positivo. Esos son tus dos únicos objetivos, satisfacción ciudadana y balance económico positivo (luego hay un tercer punto como es el de la contaminación, pero que en realidad también se podría circunscribir a los dos principales, pues en definitiva un lugar contaminado es un foco seguro de infelicidad y de constantes sangrías económicas). Es decir, estamos hablando de interés general al cien por cien. Nada de guerras empresariales, nada de chanchullos, nada de intentar beneficiarte personalmente, nada de hacer las cosas sólo de cara a la galería para intentar ser reelegido.

De verdad, es un videojuego que yo casi haría de obligado conocimiento a cualquiera que se quisiera meter en el mundo de la política, y no únicamente a concejales de urbanismo. Porque no sólo te familiariza con la estructura de las ciudades (ese concepto, "ciudad", que da todo el sentido al de “política”), sino que te habitúa a considerar la satisfacción de los ciudadanos en su conjunto como un objetivo en sí mismo, más allá de personalismos y de presiones puntuales.

En lo que a mí respecta, mi dilatada experiencia con este videojuego (bueno, sí, estaba enganchado, pero lo de dilatada experiencia parece que suena mejor), me ha servido de gran ayuda para imaginar una visión de Arrecife que puede gustar más o menos, pero que en ningún caso tiene en cuenta otra cosa más allá de las que yo considero necesidades generales, y perdón por la aparente demagogia. Por supuesto, se trata de las necesidades generales que yo imagino, cualquier otra persona posiblemente imaginará necesidades generales distintas, por eso hago énfasis en lo personal de esta visión. Aquí de lo que se trata es de aprovechar esta oportunidad que la tecnología nos brinda para poner en común las distintas visiones. Cuantas más mejor, pues cuanto más halla mayores serán también las posibilidades de que aparezcan algunas que satisfagan a una mayoría más amplia.

En el enlace tienen explicadas las distintas actuaciones que he concebido, por eso no he querido extenderme en ellas aquí. En este momento son 28, aunque voy añadiendo cosillas a medida que se me van ocurriendo, por lo que es posible que dentro de unos días halla algunas más. Entre estas 28 actuaciones, por destacar algunas, yo mencionaría el espacio que he imaginado como ideal para ubicar una huerta solar que abastecería a todo el municipio con energía limpia, sin necesidad de recurrir, casi en un cien por cien, al petróleo que actualmente usamos. Así mismo, contemplo actuaciones en el islote del Francés (auditorio y zona de esparcimiento), un centro comercial por la zona de Ikea, una gran Avenida Marítima que uniría ininterrumpidamente el Cable con Puerto de los Mármoles, un “maródromo” sito en el muelle viejo..., en fin, les invito a echarle aunque sea un vistazo por ustedes mismos.

Pero no quisiera acabar sin hacer un último llamamiento. A todos esos profesores que ya están pensando en los trabajos que encargarán a sus alumnos durante el próximo curso, miren por donde aquí tienen una oportunidad extraordinaria para involucrarlos en el devenir de la ciudad en la que viven. Y hablo de Arrecife como podría hablar de San Bartolomé, por decir alguna otra. Hacer pensar a los chavales en las actuaciones que ellos acometerían, por disparatadas que pudieran parecer, les ayudaría a involucrarse, a conocer el sitio en el que viven. Se dice que es mucho más difícil estropear aquello que quieres, y el primer paso para llegar a querer algo o a alguien es conocerlo, comprenderlo. A este mismo nivel, los ayuntamientos podrían convocar concursos para que cualquier ciudadano presentara su proyecto de ciudad en los mapas de google, estableciendo un jurado compuesto por urbanistas experimentados. La cosa es tan sencilla como darse de alta como usuario, gratuitamente, y ponerse a rebuscar en la ciudad, desde el aire, lugares en los que tú intervendrías. Es más, se podría abrir una página de internet, administrada por el ayuntamiento, en la que todos los usuarios ofrecieran sus distintas visiones. Quien sabe, entre todas las ideas, tal vez algunas de ellas fueran geniales. En cualquier caso, para mí lo más importante de todo es la extraordinaria oportunidad que esta herramienta nos regala para involucrarnos en la construcción de la ciudad en la que vivimos. Esto es precisamente lo que yo considero política con mayúsculas, imaginar mejoras ciudadanas en lugar de imaginar formas de ganar votos. Es la política con mayúsculas que hemos llegado a olvidar entre tanta competición electoral y que está al alcance de cualquiera, sin necesidad de militancias, sin necesidad de enarbolar banderas (aunque ninguna de estas cuestiones tendría por qué ser un impedimento). Es la política que da importancia a las cosas que de verdad la tienen, la que pone el énfasis en las ideas susceptibles de permitirnos convivir de la mejor forma posible, lejos de abstracciones tales como que si hemos de poner la palabra “nación” o la dejamos de poner en un papelote, y que tan a menudo copan casi toda la agenda de nuestra política oficial (tan pocas veces política con mayúsculas). Esta es la buena, la política que nos permite centrarnos en aquello que de verdad tenemos en común y que de verdad nos afecta en nuestro día a día: la mejora y mantenimiento de nuestras ciudades.

Un proyecto llamado Arrecife
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