sábado. 01.10.2022
La escasez de mano de obra en la Isla ya pasó a la historia; el desempleo aumenta de manera vertiginosa mientras el sector de la construcción y el hostelero caen en picado

El cartel de “no hay trabajo” destrona al “se necesita”

Desde la Confederación de Empresarios de la Construcción advierten de que “o el suelo se ordena de una vez por todas y las instituciones se ponen las pilas e invierten, o la construcción y toda la sociedad seguirá cayendo en picado hasta tocar fondo”

Hubo un tiempo en el que la situación laboral de Lanzarote era boyante. Entonces había trabajo, ir a la compra no suponía un susto de muerte y muchos podían llegar a fin de mes. Hoy, el cartel de “no hay trabajo” ha destronado al de “se necesita” en las puertas de decenas de establecimientos, en las fachadas de muchas obras y en los anuncios de la prensa. Hoy, la hostelería, la construcción y el turismo lanzaroteño están sumidas en un gran bache. La iniciativa privada tiene miedo y las perspectivas a corto y largo plazo son alarmantes.

El aumento del paro en la Isla

Noviembre se despidió con un máximo histórico: 7.562 desempleados, según los datos del Observatorio de Empleo de Canarias (Obecan), intentan sobrevivir en Lanzarote. Hace un año, por las mismas fechas, el número de parados no llegaba a los 6.000 y, en tan sólo un mes, el paro incrementó en un 6,47 %. La subida es cuanto menos alarmante. ¿Qué está ocurriendo en la Isla?

Para más Inri, no hay que olvidar que la generación de contratos está en retroceso: en lo que va de año se han firmado un 3,98 por ciento menos de contratos que en los mismos meses de 2006. Si el año pasado, al cierre de noviembre, se habían formalizado 59.212 contratos en la isla de Lanzarote, en 2007 han sido 56.853 los contratos firmados. Especialmente malo ha sido noviembre, donde se han firmado casi mil contratos menos que en el mismo mes del año pasado.

Si se analizan los datos generales por ramas de actividad, los efectos del desempleo perturban más al sector de la hostelería, con 2.302 parados, seguido del sector de las inmobiliarias y el alquiler, con 1.502, y la construcción, con 1.244 parados. En cifras similares, 1.133 parados, se sitúa el sector del comercio y las reparaciones.

La construcción, de mal en peor

“La recesión que llevamos tiempo anunciando está contagiando con sus síntomas a toda la sociedad, la iniciativa privada de la construcción tiene miedo y no quiere arriesgar más y la gente, como es lógico, se lo piensa dos veces antes de hipotecarse porque ni siquiera tiene garantías de poder llegar a fin de mes”. Se puede decir más alto pero no más claro. Para Neftalí Acosta, el presidente de la Confederación de Empresarios de la Construcción, el sector de la construcción va “de mal en peor”. Según explicó para Crónicas, el ritmo de construcción va en caída y la inversión privada tiene miedo “de comenzar o terminar obras para luego tener que comérselas porque hay más oferta que demanda y ni siquiera existe una ordenación del suelo que posibilite cierta inversión pública”.

Acosta apuntó a que sobran las causas por las que Lanzarote ha llegado a esta situación de caída en picado. “Están subiendo los tipos de interés, suben las mensualidades y los bancos están aflojando a la hora de conceder créditos”, dijo el presidente. Según afirmó, otro de los factores es la escasez de suelo y que hay más oferta que demanda porque “según está la cosa, la gente se lo piensa dos veces antes de hipotecarse”. Pero fue más allá y aseguró que “aunque la gente piense que los precios van a bajar, todo apunta a que subirán”. “O el suelo se ordena de una vez por todas y las instituciones se ponen las pilas e invierten, o la construcción y toda la sociedad seguirá cayendo en picado hasta tocar fondo”.

Y de turismo... ni hablamos

Y si no fuera suficiente con la parálisis en la construcción, los altos índices de paro y la terrible cesta de la compra, el cuerpo se queda aún más frío después de hablar con Rafael Díaz, secretario de Comisiones Obraras en la rama de Hostelería y Comercio. Díaz cuenta su experiencia después de su visita a todos los centros hosteleros de la Isla. “Los lugares que hace cuatro años contaban con una gran plantilla ahora tienen dos trabajadores o están cerrados”, aseguró. “Más de doce complejos turísticos han dejado de abrir sus puertas o, lo que es peor, combinan de manera ilegal camas turísticas con residenciales para amortizar sus gastos ante el vacío al que se enfrentan”, aumentó.

Después de reunirse con el Patronato de Turismo y con empresas como Asolan o Aetur, Rafael Díaz se pregunta por qué no existe plan alguno de salida. “Cuarenta mil personas viven de la hostelería en Lanzarote, el problema no es sólo que hayan dejado de venir turistas, el problema es que la población se está quedando sin trabajo y sus posibilidades económicas son cada vez más bajas mientras las instituciones siguen con las manos cerradas”, apuntó. “¿Van a esperar a que cientos de familias se queden sin posibilidades, sin dinero, sin pan que llevarse a la boca?”, se cuestionó.

Vías para evitar la asfixia

Tanto Acosta como Díaz creen que ahora es el momento de buscar soluciones, de dejar a un lado las causas y ponerse manos a la obra, encarando al problema para salir de él. Ambos coinciden en señalar que la obra pública es la que puede salvar al sector. “Es evidente que hace falta inversión pública para cubrir todos los déficits que nos asolan, pero Lanzarote sigue estando a la cola y ni el Cabildo, ni Canarias ni Europa invierten aquí porque ni siquiera está clara la ordenación del suelo”, explicaba el presidente de los empresarios de la construcción.

Ni es leyenda urbana ni un mero vocablo que, caprichoso, quiere ponerse de moda. La crisis de Lanzarote ya es una realidad indiscutible. Y esta Isla va sumergiéndose en ella a pasos agigantados mientras cada vez son más los sectores y agentes sociales que están con el agua al cuello. Sí, hubo un tiempo en el que todo era diferente, pero quedarse en las quejas y en el recuerdo tan sólo sirve para alimentar que las cosas sigan hiendo cuesta abajo, de mal en peor.

El cartel de “no hay trabajo” destrona al “se necesita”
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