lunes. 08.08.2022

Antonio Guerra León

Cuando el entrenador de turno, por ejemplo en el fútbol, deporte muy popular entre nosotros, y donde todos los aficionados somos expertos en grandes estrategias a balón parado, alineaciones, marcajes y patadas p'alante, sabemos que cuando se sale a empatar el partido se pierde este sin remedio y muchas veces en el último minuto, derrota que jode todavía muchos más. Pensamos.

Y es que así vimos nosotros el enfrentamiento entre Zapatero y Rajoy, donde el manager de este último creemos no estuvo afortunado en el planteamiento final del partido, sobre todo en la lectura del cuento de la niñita, antiguo y carca, (car, de carlista y ca, de católico) y que tal vez cuando sea mayor nos sorprende la chica haciéndose lesbiana, terrorista o misionera en el Congo. Por cierto que hemos escuchado que ahora ninguno de los asesores ha tenido culpa en la susodicha metedura de pata hasta el corvejón del candidato conservador con esa notita que le pusieron en la mano. Ay que tener cara, compadre.

Por eso puede ser que perdiera el partido Rajoy casi en el último suspiro del encuentro, donde estuvo agazapado casi siempre en una embarullada y extenuante defensa a ultranza y en alocados pases al hueco sin ningún sentido, además de no centrar su mirada que muchas veces mete miedo por su profundidad bizqueante para mirar de frente al adversario, posando la misma para nosotros en muchos momentos en sitios inadecuados del inmenso plató, frío y marmóreo, que nos metieron por los ojos.

También los asesores de Mariano, por cierto nombre propio poco visto en la nomenclatura presidencial a través de los tiempos, y más bien apropiado para ripios baratos y zafios en la barra del bar de la esquina de nuestro barrio, deben de tener en cuenta que donde tanto dinero se gasta en las elecciones, podían comprarle a su candidato una ropita más holgada y cómoda, y una corbata también más moderna. ¡Que son unos marrones leches! Y no nos digan que estas cuestiones son accesorias cuando llevan semanas pendientes de hasta los más nimios detalles un montón de gentes.

Respecto a José Luis Rodríguez Zapatero, debemos decir que los cuatro años de estancia en la Moncloa le han dado serenidad y empaque, ha mejorado mucho en los movimientos de las manos y se conoce muy bien su programa, aunque creemos que la parte escrita les ha sobrado a los dos contendientes por igual, perdiendo el debate frescura y atrevimiento. Sobre los contenidos poco nuevo aportaron ambos, pues llevamos ya muchos meses de campaña y discursos a tutiplé y conocemos casi todos los detalles de tanta promesas y promesas económicas y sociales puesta en el aire como gran subasta electorera.

Llegados a este punto, podemos utilizar aquí todos los tópicos deportivos que ustedes quieran para opinar sobre el resultado del debate como, justo reparto de puntos, mucho centrocampismo, ganó el mejor o jugó como nunca pero perdió como siempre, etc. etc. De todas formas todos tranquilos pues los socialistas pensaran que Zapatero ganó por goleada, y los conservadores que Rajoy se defendió bien, y aquí paz y el Cielo gloria, hasta la esperada final en el campo abierto de las urnas el día nueve de marzo y donde esperamos que se llene el estadio hasta las banderas como se merece un país verdaderamente democrático.

Y nos no olvidamos del trencilla de la contienda al que para seguir con las formas de hablar de toda la vida en el terreno futbolero, podemos decir que paso desapercibido, cosa por otra parte que sigue siendo garantía de buena dirección y conducta. Y respecto a que este pueblo no le interesa la política como proclaman muchos franquistas, que haberlos los hay, pues nada más y nada menos que trece y pico millones de españoles vierón el debate televisivo, así que Díos les guarde la vista a esos nostálgicos de la dictadura. Hasta Pronto.

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