sábado 23/10/21
MARTINGALA POR MARTINO

Una de demagogia: oído cocina

Por Martino

Martes. Hora del almuerzo. Gazpacho, fideua y un melocotón de esos de ahora, carísimo y con menos sabor que un discurso de ZAPATERO, y por supuesto lo que den por la tele. Ya sabemos lo que dan por la tele a la hora del almuerzo, muertos en tal guerra, cifras de más muertos en carretera, diálogos de besugos entre gobierno y oposición y los fichajes millonarios de futbolistas, sin olvidar la diaria subida de ese asesino de hipotecados que se hace llamar EURIBOR.

En esta ocasión hay novedad, un reportaje sobre los preparativos en el Palacio Real ante una comida con jerifaltes de Arabia Saudí. Cientos de personas se afanan, los jardineros podan setos, los cocineros cortan setas de trompetilla, hasta utilizan una enorme cuerda para alinear los cientos de copas sobre la descomunal mesa, todo un despliegue de tropa en pos de la perfección protocolaria, amén de un café muy cargado, recién llegado de Colombia, para que el Rey no se duerma durante el ágape. Y uno que ve todo esto, piensa, y le da por escribir, y como uno es demagogo hasta reventar pues ejerce la demagogia al más puro estilo. Lo siento, unos son nacionalistas, otros del Atlético de Madrid y yo soy demagogo convencido.

Medito cuatro segundos y decido no escribir nada, puedo ser el más demagogo del mundo pero me gusta llevarlo en secreto, no que me lo arrojen a la cara cual guante, aunque el guante y mi demagogia sean de diseño. Insisto, decido no escribir nada al respecto. Me hubiera gustado decir que todas esas ceremonias están de más cuando hay tanto contribuyente rozando el umbral de la pobreza, que como sigan trempando y poniéndose cachondas las hipotecas vamos a ser todos, pero no lo digo.

Me hubiera gustado escribir que ya está bien de lujo y boato, de gastos salvajes en ayuntamientos, cabildos y corporaciones oficiales, incluida la monarquía, cuando todos sabemos que están hasta el cuello, que les duelen las manos a los políticos de firmar con entidades bancarias las famosas refinanciaciones de deudas, que son instituciones monstruo, que se devoran a sí mismas y a nosotros, sus hijos, y que no les queda un duro para invertir ni en empichar una calle, a no ser que estemos en vísperas de elecciones.

Me hubiera gustado decir, valga mi demagogia galopante,acrecentada con la edad, que los Reyes se vayan a vivir a un adosado y ese pedazo de palacio lo dejen como residencia para la tercera edad, como suelo comentar a menudo que la ampliación del Cabildo de Lanzarote, ese palacio que ni La Moncloa ni La Casablanca, ha sido desmesurada, que se han pasado no tres pueblos sino la comarca entera, que más vale que se gastaran los dineros en hacer un Hospital Insular nuevo o en poner una tacha en el que tenemos, inaugurado por FRANCO en 1950 ,y que si quieres arroz Catalina, pero no lo digo porque uno es demagogo de primera división, pero prudente.

No desesperen, igual cuando se me pase el efecto de tres cuartos de litro de tila con valeriana, y tome un chupito de JACK DANIELS, me envalentono y lo digo. Tate que sí.

Una de demagogia: oído cocina
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