miércoles. 28.09.2022

Antonio Guerra León

A la deseada llegada del verano, que asienta un año más por este mes de Junio sus sudorosas nalgas por estas latitudes isleñas, el caluroso estío nos avisa, también, que de aquí en adelante como lejana tradición vamos a "padecer" muchos ciudadanos una buena tonga, de fiestas, festorros y romerías de toda clase y categorías. Incluido, el aparatoso espectáculo del Campeonato Mundial de Fútbol, de significada trascendencia para millones de personas, incluidos muchos españoles que después de obtener una victoria sobre un equipo que no es Brasil, precisamente, ya nos estamos bebiendo la leche del triunfo mundial sin haber ordeñado la cabra.

Actos que vienen precedidos en estos días, por las celebraciones más íntimas y domesticas de santitos tan conocidos y reverenciados desde hace siglos como San Antonio, San Juan, Pedro o Pablo, que nos obligan a recordar aunque sea con un simple golpe de teléfono a viejos amigos y parientes para felicitarlos por su onomástica, y sobre todo, para congratularnos de que todavía sigan vivitos y coleando. Que no es poco.

Costumbre social y amigable que pronto pasará a la historia, pues los nombres de Pila Bautismal o de Registro Civil, de las nuevas generaciones presentan unos raros, y para nosotros hasta ahora desconocida patronímicos de rara raíz anglosajona, guanche, pseudoguanche, bereber o de vaya usted a saber. Moda imparable y extranjerizante que acabará con la noble costumbre de felicitar a los amigos como hasta ahora por su santo. ¡Que le vamos hacer!.

Pero metidos a fondo en las festividades de nuestros pueblos y ciudades, todos los años aparece la eterna discusión donde unos los más conservadores pretenden dejar las fiestas intocables como hace siglos, cosa casi imposible hoy en día, pues nuestras gentes desde hace lustros están encandiladas y obnubiladas por otras ideas y formas más modernas, de divertirse, emanadas y copiadas de los continuados y pertinaces mensajes enviados a diario vía TV. desde la inevitable "caja tonta". Aparte del desprecio total que tienen desde siempre los ciudadanos canarios por nuestro pasado, bueno o malo, pero el que tenemos, y que debemos conservar con inteligencia y dignidad si queremos tener fiel conciencia de ser algún día un pueblo mínimamente respetado.

Y para los que quieren cambiar substancialmente les festejos, hablamos de la gente joven, sus anhelos intelectuales no van tampoco muy lejos, pidiendo solo que les traigan los organizadores de las fiestas a sus celebrados ídolos de pies de barro de la canción... pop, pop, pop, pop, fabricados de forma artificial desde los platós televisivos entre grititos histéricos, y saltitos circenses, y de esa forma tener los, chicos y chicas, la adecuada disculpa para poder armar el consabido "boncho" nocturno a base de "mandanga y botellón", mientras los vecinos sufren en sus carnes la falta de sueño y los terribles efectos de una jartada, de locos decibelios lanzados a los cuatro vientos sin misericordia, aparte de otras barbaridades, entre ellas, la habitual violencia verbenera protagonizada por bandas de adolescentes que aprovechan estas celebraciones para ajustar cuentas.

.....Este es el panorama próximo y bullanguero que se acerca con urgencia para todos los ciudadanos de nuestra tierra, quedando pendiente otra vez para otro año la discusión, sana, comedida y serena donde tratar el futuro de nuestras fiestas, que a nuestro entender aparte de excelentes días para divertirse y pasarlo bien, deben conseguir unas mínimas cuotas culturales y educativas que por desgracia no aparecen ahora por ninguna parte.

Ya vienen los..., foguetes
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