miércoles. 28.09.2022

Antonio Guerra León

Todo tiene un principio y un fin. Esta frase, una obviedad o gilipollez de las más conocidas, viene a cuento por la terminación de la visita de los Reyes a nuestras Islas. Una estancia que, por cierto, no tuvo mayores novedades dignas de recordar.

Con el viaje de los Reyes pasa algo similar que con las visitas personales: las recibimos con cierto interés al principio, y hasta con especial entusiasmo muchas veces, pero después de un rato de contar viejas historias, tomar un cafelito y dar los besitos y abrazos de rigor, tenemos unas ganas tremendas de que se manden a mudar, pues, de alguna forma, estos encuentros trastornan nuestra especial cotidianidad y costumbres. Cuestión que, por otras parte, captan enseguida los invitados, haciendo bueno aquel viejo refrán de toda la vida: la visita y la pesca a los cuatro días apesta, pero que en este caso no es aplicable a SS.MM., que se encuentran muy a gusto por aquí y sobre todo en su residencia de Lanzarote. Qué conste

Y como resumen, a vuelapluma, de este nuevo paseo por las Islas Canarias de Don Juan Carlos, podemos sacar algunas conclusiones del estado de las relaciones de la Corona con el Archipiélago y sus gentes. La primera es que las relaciones son buenas. Los canarios aceptan y respetan a sus reyes, aunque sin grandes demostraciones ni alharacas. Los monarcas en sus años de reinado, se han hecho acreedores de una buena dosis de cariño por su sencillez y cercanía al pueblo, unas actitudes que, por suerte, están muy alejadas de viejas prácticas monárquicas de hace un siglo en que su abuelo visitó Canarias, llenas de raros protocolos y distanciamiento de los ciudadanos.

Otra cuestión a tener en cuenta es la total ausencia de actos y declaraciones de grupos de los llamados independentistas acerca de la visita del Rey de España "a las colonias", cosa que, por otra parte, podían haber hecho sin ningún tipo de reparo si les... sale de sus partes, pues estamos en un país libre donde todo el mundo puede expresarse como le dé (qué casualidad) la "real" gana. Parece que estos grupitos sólo se hacen valientes y heroicos y nos recuerdan que siguen vivos en un rito anual solamente en Tenerife, cuando sale el "jodido pendón" en procesión por las calles de La Laguna. Por cierto, debemos recordar que ante el paso de la comitiva real sí mostraron sus ideas varios grupos de republicanos con sus banderas tricolores, acto o manifestación que, nosotros sepamos, no creó mayores problemas.

Ha llamado también mucho la atención entre la ciudadania que la llamada Televisión Canaria haya prestado tan escaso seguimiento a los actos de estos días y se rumorea en varios mentideros políticos, que había órdenes superiores para que la figura del Ministro de Jornada que acompañaba a los Reyes no saliera favorecido en las pantallas de las televisores, y todo por la proximidad de las elecciones en las que la figura de Juan Fernando López Aguilar parece que se destaca en los sondeos como claro ganador.

De esta forma hemos visto, desde la lejanía y con la poca aportación televisiva del momento, la visita del Rey, dejando claro que muchas de las formas en que se ha querido llevar este viaje no han sido las que de verdad nos gustarían, con actos tan horteras como llevar al Monarca por tortuosas vías en un tranvía inacabado o recorrer amplias bibliotecas donde no aparece ni un solo libro en las estanterías. En fin, ahí queda para la historia de esta Autonomía un nuevo acontecimiento donde un Jefe del Estado se hace presente en nuestras islas y donde nosotros, viejos ciudadanos que hemos visto en esta vida muchas cosas, nos hemos quedado, como dicen algunos... a cero grados, ni frío ni calor. Hasta pronto.

Terminó “la juerga”
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