jueves. 29.09.2022

Antonio Guerra León

Antes de entrar en la última chorrada, relativa a la inmigración, sacada de prisa y corriendo para engrosar un flojo programa -de no sabe si de derechas o de extrema derecha, cerrado y bien cerrado por el Partido Popular en Génova 13- con vistas a los próximos comicios, hay que hacer unas consideraciones sobre cómo nacen algunos programas electorales. En este caso, la propuesta es similar a un parto inducido con fuertes dolores y contradicciones conceptuales, pues el chiquillo parece que venía de nalgas o atravesado, en vista de las encuestas siempre negativas de que se disponen, y cuyo último capítulo, “sobre las personas que vienen a ganarse el pan a nuestra nación”, pasaremos a comentar a continuación.

Debemos señalar, para mejor comprensión del personal, una verdad incontestable avalada por los correspondientes datos oficiales y que nos puede ayudar a examinar mejor el conocido y disparatado, creemos nosotros, “contrato de integración” ofrecido por el candidato conservador a los inmigrantes: “El Gobierno Socialista del Señor Zapatero en estos tres años y pico de mandato, ha expulsado de la nación española, legalmente, a 330.000 emigrantes. El doble de los desahuciados por el Gobierno del Señor Aznar en los ocho años en que gobernó”. Las cosas claras... y el chocolate espeso, sobre todo en las amanecidas del Carnaval.

Mariano Rajoy, promete en su campaña electoral que si gobierna pondrá en marcha “un contrato de integración” para los llegados a España. Tras la firma del mismo, los inmigrantes tendrán los mismos derechos que los españoles, pero deberán comprometerse de forma solemne a “cumplir las leyes, aprender la lengua y respetar las costumbres de los españoles”.

Llegados a este renglón es cuando nos tenemos que poner antipáticos y críticos, porque no entendemos, ni nadie medianamente normal e informado puede entender, que lo dicho por este Señor no sea una total y absoluta obviedad. Y es que los españoles, especialistas en emigrar desde siempre y más en los años de la dictadura -donde casi tres millones y medios de paisanos tuvieron que coger el portante de cartón o madera para descubrir esos mundos-, sabemos que lo primero que hace un emigrado un poco espabilado es lo que el Sr. Rajoy nos propone esta vez.

Integrarse, cumplir las leyes y respetar, y además ser respetados por los propios, cosa que parece que no cita el candidato en su proclama, seguramente para no enojar a los miles de racistas que pululan por nuestra nación como probables votantes de su partido.

Y nos preguntamos: ¿por qué un trabajador que cumple todos los requisitos legales, tiempo y arraigo en su localidad, no va a tener derecho a voto en nuestras elecciones? ¿Por qué? ¿Por qué un emigrante que ha pagado sus impuestos no va a tener derecho a incrementar las filas del paro si llega la triste circunstancia de no tener trabajo? ¿Por qué?

Respecto a respetar las costumbres, ¿qué quiere decir el candidato?: que los emigrantes tienen que renunciar a todas sus tradiciones y usos sociales, y ponerse rápidamente en cola para sacar entradas para asistir a las corridas de toros o comer paella o cocido todos los días...

Aclárese Sr. Rajoy, porque si no el presidente Chávez de Venezuela puede coger la onda y cerrar todos los centros sociales canarios, templos y ermitas que bajo la advocación de las distintas vírgenes canarias pueblan su nación y, además, dado su especial carácter, obligar a los extranjeros a bailar joropos a cada rato en vez de isas y folías.

Una última cuestión, que no es en absoluto baladí: Rajoy no concreta si apostará por el modelo francés de integración o el multiculturalismo de la sociedad británica, y esa indefinición puede jugar en su contra. Eso pensamos. Hasta Pronto

Rajoy improvisa sobre la marcha
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