jueves. 29.09.2022

Por Antonio Guerra León

“No te dejes engañar, perdona. El rencor es el arma de los que no tienen razón ni corazón”. Frases las anteriores aplicables a muchos políticos en todos los tiempos, pero de total actualidad en estos días por el archivo en los juzgados madrileños de un caso triste y sangrante sufrido en sus castigadas espaldas por unos buenos profesionales de la medicina pública, cuyo único delito, según los denunciantes, consistía en que los enfermos terminales bajo su égida médica sobrellevaran lo mejor posible su fatal tránsito camino del otro mundo, pensamos, como nos gustaría que nos pasara a todos nosotros si llegara ese indeseado momento y a nuestros familiares más queridos. O no. Pero siempre, como ha reconocido la Justicia, dentro de la mejor deontología profesional como así ocurrió.

Personas que han sido tildadas hasta de asesinos y amigos de la eutanasia por toda clase de gentes, siguiendo como casi siempre la campaña orquestada desde El Mundo y La Cope, (la radio de los obispos), para crucificar con muchos clavos a estos buenos profesionales de la medicina pública y de camino, seguir insistiendo desde los medios afines en el objetivo principal de todas estas actuaciones el desprestigio de las instituciones sanitarias gratuitas, siguiendo los inalterables ideales neoliberales del partido que gobierna en Madrid el P.P. El dinero para el que tiene dinero. Vamos como en los Estados Unidos de América, esa maravillosa democracia tan amiga de Aznar y sus adlátere, donde si no tienes un seguro particular y con la cuota al día, te mueres de asco en la calle, atacado por tus miserias y enfermedades, entre montones de basura como una rata cualquiera.

Personajes estos, los médicos, que aparte de pasar un duro calvario junto con sus familiares varios años pendientes del correspondiente fallo judicial, han tenido que soportar, además, la indiferencia, y la inquina de los gobernantes de la Comunidad de Madrid cuando conocieron frustrados el archivo de los autos. Y el desdén no exento de indisimulada calentura de la Presidenta de esa misma Comunidad la ínclita Esperanza Aguirre, chulapona donde las haya con los nardos apoyados en la cadera, y que Dios guarde, y tire la llave a un barranco, que también se suma, entusiásticamente, a su actual Consejero de Sanidad y anterior, en su incalificable actitud de negar en redondo el merecido perdón a los inocentes galenos tan puteados por ellos. Ver para creer ¡Joder que mal gusto se nos ha quedado en la boca hoy! Hasta pronto.

Perdona a tu pueblo Señor
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