miércoles. 28.09.2022

Antonio Guerra León

Como todos los años sucede, pasados los carnavales, digamos oficiales, se pone en marcha una nueva serie de estas fiestas por todos los pueblos y barrios de las islas. Una segunda opción, casi siempre innecesaria de las fiestas de la transgresión, puesta en marcha fuera de fecha por los ediles locales con los restos de despintadas carrozas, roncas voces de murgueros trasnochados y desganados pasos de cansados bailarines y bailarinas ataviados con los hace poco vistosos trajes y tocados de gala, a los cuales se les nota bastante el largo y duro trato recibido en los días anteriores.

Estos fatigados y jadeantes ciudadanos son siempre fieles carnavaleros a los cuales no les queda más remedio que acudir a todas estas citas pueblerinas y menos pueblerinas, para recoger unas cuantas perras más que les ayuden un poco a pagar sus innumerables gastos festeros. Decía un viejo párroco de tierra adentro: “Llegará el día en que si se siguen alargando las fechas carnavaleras con prórrogas, piñatas grandes y chicas, se acabará algún día viendo por la punta de una calle cualquiera una animada, colorista y descocada comparsa carnavalera y, por la otra esquina un cortejo más austero y silencioso repleto de picudos capuchinos, curas y monaguillos, todos muy contritos y serios, desfilando detrás de cristos y vírgenes en plena Semana Santa”.

Hablando de procesiones, en este caso fantasmales, que es lo que nos proponíamos en el enunciado de este escrito, no podemos olvidar tampoco las otras carnestolendas: las políticas, llenas una vez más de largos y pesados discursos pero adobados esta vez por una nueva e infame forma oral para llamar la atención de los electores, y que consiste, casi siempre, en prometer, como si fueran vulgares bancos, inmobiliarias o cajas de ahorros, gran variedad de cachivaches, fastuosos viajes, electrodomésticos, o brillante y acerada calderería de cocina en forma de perritas en la mano o grandes descuentos fiscales entre otros impensables e idiotas ofrecimientos. Esas palabras nos recuerdan aquellas reuniones de expectantes personas, durante la posguerra, escuchando embobados en plazas y mercados a los avispados charlatanes peninsulares que nos visitaban, los cuales nos ofrecían Villas y Castillas y más, y más... hasta que cayera algún pintado.

Promesas y declaraciones, que la mayoría de las veces nos entran por un oído y nos salen por otro, aceptando de buena gana la conocida dialéctica electoral como si tal cosa, pero no pudiendo aceptar de ninguna forma algunas prédicas inoportunas e indignas que se han dicho por ahí.

Nos referimos a sacar en procesión, esta vez por el señor Rajoy, con grandes voces y sin dar mayores explicaciones y datos que aporten algo de veracidad a su discurso, los fantasmas, nunca vistos por estas tierras, pero siempre horribles, del velo, la ablación de clítoris, lapidaciones y otras “lindezas de las gentes de pa`fuera”, y sólo por el mero hecho de rascar unos cuantos votos en los próximos comicios entre las personas más timoratas, desinformadas, xenófobas o simplemente ultraderechistas de nuestro país. En definitiva, un triste, maquiavélico y hasta diabólico juego electoral repleto de maldad y encanallamiento que nos asusta pese a ser veteranos en estas lides. (Sin olvidar tampoco el florido verbo de Carmen Guerra, candidata del P.P. a las Cortes por Las Palmas de G.C. -por cierto estamos pensando en cambiarnos el apellido-, que aparte de un analfabetismo rampante confundiendo -ablacíon por oblación, y lapidación por dilapidación- nos llena de espanto). ¡Dios mío que castigo tenemos con esta clase de políticos!

Por eso, una vez más hay que pensar y reflexionar sobre las ideas y programas que nos ofrecen los partidos, pero también en la calidad moral e intelectual de los líderes que los presentan, muchas veces cenutrios completos. Hasta Pronto.

Negros fantasmas en procesión electoral
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