jueves. 29.09.2022

Antonio Guerra León

No estamos locos. Por ahora, se entiende. Y es que la cercanía de las fiestas navideñas puede inducir al error, sobre todo a los despistados, que somos muchos en este mundo, pues la visita de nuestros monarcas puede confundirse con la llegada de nuestros míticos Reyes Magos, que, además y como simple curiosidad, concitan en las calles laguneras y de otros lugares a más gente que la que en estos días puede salir para recibir a la comitiva real llegada de la "metrópoli", como diría Antonio Cubillo.

Aunque, como es lógico, la comparación no deja de ser una bobería por nuestra parte. Este festivalero juego de palabras sirve para enhebrar estas líneas, pues bastante público, sobre todo femenino y muchas monjas, acudió a recibir a los monarcas en su visita a La Laguna. Estos, pocos garbosos y nada mayestáticos, se acercaron a nosotros, creemos que a la fuerza, en un inacabado y proletario tranvía para publicitar el discutido y ya rancio medio de transporte que nos quieren imponer sus valedores políticos; todo en un repugnante y pueblerino acto electoralista que provoca a cualquier ciudadano "normal" grandes dosis de vergüenza, ajena y propia.

De todas formas, bienvenidos a nuestras islas don Juan Carlos y doña Sofía, personajes que en lo personal nos merecen toda nuestra simpatía y en el político absoluto respeto democrático a su condición de jefe de Estado constitucional de esta España de las Autonomías.

En otro orden de cosas, también debemos agradecer a SS.MM. que se dejen caer de vez en cuando por estos lejanos peñascos, pues de esa forma hemos visto las calles más limpias de cagadas caninas, las farolas relucientes, las fachadas enjalbegadas, los lajas, controlados y muchos baches entullados con urgencia, además de un montón de flores y plantas colocadas de forma un tanto apresurada en parterres y jardines. Todo muy mono... Algo es algo.

Sin embargo, la nota electoralista, como hemos escrito más arriba, nos sigue abochornando, pues han obligado a nuestros Reyes a inaugurar varias obras que todavía no están ni siquiera medio terminadas, como sucedió en su día con el Auditorio chicharrero, que, si no nos falla la memoria, fue inaugurado hasta en cuatro ocasiones diferentes por varias autoridades de la nación y todavía no está acabado. Qué cosas.

Y es que nuestras autoridades, si no fueran tan volubles y pelotilleras, lo que debían enseñar a los Reyes sería, por ejemplo, cómo todavía vive mucha gente en cuevas y barrancos; cómo nuestros hospitales son insuficientes, y no digamos los de las islas periféricas, que tienen que derivar a las islas capitalinas a más del 50% de las intervenciones quirúrgicas por falta de medios y facultativos; o las condiciones en que están hacinados en nuestras cárceles miles de internos, etc., etc. Sin olvidar de decirles, con la verdad en la mano, que la tercera parte de la población canaria se encuentra en estos momentos bajo el umbral de la pobreza pese al chorro de dinero que entra en estas islas. Aspectos que, conociendo el carácter amable de Don Juan Carlos, agradecería más que toda esa sarta de adulaciones, medallas y llaves de oro que se le ofrecen a tutiplén, para desde sus limitadas competencias de gestión poder forzar a las autoridades competentes a remediar tan tristes y prolongados problemas. Hasta pronto.

Llegaron los Reyes
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