miércoles. 28.09.2022

Pero qué pasa aquí, por qué tanto ruido político y mediático. Por qué tantos nervios y tantas lucubraciones, por qué, por qué. Pues, amárrense los calzones, porque Pepiño Blanco, el hombre fuerte de la organización socialista, se permitió emitir la opinión muy personal (como si cada cual no pudiere decir lo que le viene en gana en este país) de que Juanfer, nuestro flamante y joven ministro canario de Justicia, era la persona más apropiada, según él, para ser candidato por el PSOE en las próximas elecciones autonómicas de Canarias.

Cuando todos pensábamos que los tiros en nuestro territorio estaban orientados al caso eólico y otras corruptelas, nos vemos sorprendidos, como coglioni, por el desgarramiento teatral y trágico de todas las vestiduras, habidas y por haber, de políticos, pseudopolíticos, periodistas, pseudoperiodistas y gentes de mal vivir, que como viejas plañideras, aúllan a los cuatro vientos que cómo se atreve ese «godo de mierda» a meterse en nuestras sagradas cosas, mancillando de camino, impunemente, el honor y la hidalguía de estas islas y de sus habitantes. ¡Chúpate esa!

Y nosotros, también, cómo, coglioni, nos atrevemos a pensar (que ya es osadía en estos tiempos) a qué viene tantos lloros y tantos gritos por la opinión, más o menos, oportuna o inoportuna del inefable Pepiño. Por qué tantas extralimitaciones verbales, escritas y hasta de duro matiz nacionalista en contra de todo lo que llegue de Madrid que no sea dinerito fresco y al contado.

Por favor, no nos hagan reír que se nos parte el labio. Y es que estamos jartos, de la hipocresía de los políticos, que desde tiempos inmemoriales (incluidos los democráticos) no han hecho sino viajar en romería a Madrid para pedir de todo, incluidos los doloridos nacionalistas del CC, que se han puesto siempre sin ningún reparo a las directas órdenes de los diferentes presidentes del gobierno central para que mangoneen nuestras islas, eso sí, previo pago de su correspondiente importe.

Y qué podemos decir de los indignados miembros del decadente Partido Popular (organización centralista donde la haya), cuyos rectores en el archipiélago no pueden mover ni un dedo sin el consentimiento de los Jefes de Centuria de la calle Génova.

En fin, que menos lobos, menos disparates y a admitir con seriedad que todos los partidos, todos, dependen, queramos o no, de Madrid y lo demás son boberías. Aunque, creemos que el verdadero motivo para tanta crispación y delirio es que le tienen un miedo cerval a la candidatura de Juan Fernando López Aguilar, que, según las encuestas, puede arrasar por estos lares.

Y es que están todos, cagaos.

Hipocresía
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