jueves. 29.09.2022

Por Antonio Guerra León

Terminado el curso natural de unos cuantos meses de actividad profesional, escolar o simplemente vital, donde los liberados por unos cuantos días de sus cotidianas obligaciones casi tientan con las manos el suave calorcillo de las obligadas vacaciones, para intentar con mayor o menor fortuna, despejar la cabeza de cualquier carga intelectual o aflojar los músculos de algún pesado trabajo manual, es cuando se produce sin querer y por propia inercia mental a pasar revista a unos meses de frenética actividad laboral y social. Aunque siempre sin dejar de exclamar a todas horas... ¡Joder como pasa el tiempo! .

Donde unos los más jóvenes, hacen balance de notas escolares o universitarias, además de los imprescindibles toques sentimentales al compás de noviazgos o buenas o malas relaciones con la familia. Otros los empleados, profesionales, obreros y gentes de todas clases que tienen que buscarse el sustento cada día, analizan desde unos días de asueto impregnados de cierta indolencia, el raro camino que lleva la dichosa hipoteca de la vivienda, la salud y la educación de los niños, y el estado en que a estas alturas de matrimonio se encuentran unas relaciones que han perdido la lozanía y la novelería de los primeros años de casorio un poco locos.

El otro grupo y, por cierto muy numeroso en nuestro país es el de los jubilados y prejubilados. Siempre de vacaciones. Donde pensamos que los primeros a estas alturas de la existencia, lo tienen bastante más claro que los segundos por razones lógicas de edad que definen sus limitadas posibilidades. ¡Si Dios le ha conservado un mínimo de salud física y mental!. Estado que pueden alargar..., los puretas, con una buena higiene, largos paseos, lectura diaria de libros o periódicos y un buen vaso de vino tinto cuando apetezca.

Respecto a los prejubilados, gente todavía en plenitud de todas sus facultades nos parece a primera vista, que todo les debe rodar de la mejor manera dada la seguridad en los ingresos y la salud propia de un hombre de median edad, pero oído al parche, hemos observado y lo aseguran serias investigaciones científicas que este grupo de personas que parece que tiene todas las cartas a su favor para ser bastante felices, no dejan de tener serias dificultades a la hora de entender su nueva situación, con variados casos desequlibradores para los mismos si no ocupan bien su tiempo y su inteligencia.

De todas formas, bienvenidas las vacaciones que disfrutan a partir de estos días muchos miles de personas y todas al mismo tiempo, cosa que no entendemos y más en nuestras islas. Tiempo que debe servir también para reflexionar sobre la vida que llevamos tan disparatada e irracional, y bastante alejada por tanto de la felicidad que tanto deseamos todos, cosa nada fácil pues, "se dice que la felicidad no existe si no que la misma es, solamente, su búsqueda continuada".

Aunque si tenemos en cuenta una escuesta del Gobierno de Canarias, Julio 2000, podemos respirar tranquilos, pues dice la misma, que el nivel de felicidad de los canarios ha ido mejorando hasta el punto de que el 83% de la población se siente satisfecha o feliz. De ilusión tan bien se vive. Compadre.

De todas formas, tan optimistas resultados sobre nuestra posible felicidad nos alegran de alguna maneras..., las pajarillas, para pasar estas vacaciones lo mejor posible pese a los altos precios en bares y restaurantes, barullos en las playas, niños, suegras y ¡ojito!..., puntos que se pueden perder en el Carnet de Conducir por no planificar bien nuestros viajes en automóvil o abusar de copas en el camino. Por tanto. Felices vacaciones y perdón por el sermón.

Felicidad y vacaciones
Comentarios