jueves. 29.09.2022

Por Antonio Guerra León

Al hilo de la exposición de la obra de ese insigne conejero llamado, César Manrique, que responde esta vez, a la etapa de consolidación de sus inquietudes pictóricas, (1950-1957), fin de sus estudios de Bellas Artes, nos viene a la memoria, la palabra “cultura” en toda la extensión de la palabra, científica, investigadora, histórica, literaria, periodística, musical, popular, folclórica y todo lo que tenga que ver con el esplendoroso mundo del conocimiento de lo que estamos tan necesitados los canarios.

Sin olvidar una buena parte de lo que es para nosotros, siguiendo la sabia pauta de César, reconocer también como verdadero hecho cultural, aquello tan viejo y anticuado llamado -“urbanidad y respeto”-, asignaturas, que aprendíamos de niños en las escuelas de todo tipo, entre coscorrones y muchas ganitas de comer, escarranchados, en destartalados bancos de madera frente a infames pupìtres manchados de tinta por todos lados.

Sin contar el poco esfuerzo, “cultural”, que hacen por conservar la naturaleza, tan maltratada por todos nosotros, eso que definen -los sesudos responsable políticos- como, “progreso”. Aunque nosotros, canarios de a píe, tenemos que entonar también un gran, “mea culpa”, ante la total evidencia de que somos unos vecinos muy negligentes, desordenados, y bastante cochinos, a la hora de mantener la limpieza y el orden en nuestro entorno.

Incluido el continuado destrozo que hacemos de mobiliario urbano, obras de arte, conjuntos arquitectónicos, y restos antropológicos entre otras cosas a conservar para gozo y disfrute de las futuras generaciones. Y todo, como decía un antiguo y pintoresco personaje de nuestras calles laguneras llamado, “Panduro”, “por falta de ignorancia”. ¡Y es que el jodido era un sabio!

Que sirvan estas humildes letras para homenajear, una vez más, a la señera figura de César Manrique y a todos aquellos que intentan, pese a todos los inconvenientes, paliar en parte las odiosas maniobras, muchas ilegales, que para cargarse estas islas proponen muchas indignas personas y entidades, que solo aspiran a conseguir con esos manejos tan arteros, conseguir un enriquecimiento rápido, y después: “si te he visto no me acuerdo”.

César y la cultura
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