lunes. 08.08.2022

Antonio Guerra León

Oiga amigo, como cambean las cosas, y es que este mundo actual está medio loco o simplemente disparatado, pues hasta hace poco los dictadores, de acuerdo con la conocida cita de que “el que a hierra mata a hierro muere”, palmaban muchas veces a manos de otros golfos parecidos a ellos en forma de traicioneros accidentes o truculentos asaltos a palacios y mansiones con muchos tiros, bombas y sangre por todas partes.

Otra forma de desaparecer del ámbito político de estos elementos algunos octogenarios o nonagenarios, ha sido también disfrutando de un dorado exilio en cualquier país más o menos tropical rodeados de maravillosas mujeres, robustos guardaespaldas, mucho lujo, alcohol y drogas, donde se gastan en paz y compaña, los miles de dineros de todos colores robados a sus paisanos.

Pero los tiempos adelantan que es una barbaridad, y los tiranos apostados detrás de fuertes ejércitos y el consentimiento de alguna potencia amiga, más los grandes avances de la medicina y la farmacopea, acaban terminando ahora sus vidas bien recostados en mullidos colchones y ergonómicas camas, como en el caso de los Franco y Pinochet por poner solo dos ejemplos recientes, a los que se les va a sumar, sino sucede algo inesperado en Cuba de tipo revolucionario otra vez, el seguro fallecimiento, más tarde o más temprano, de Fidel Castro. ¡Que aquí, en el planeta azul, no vamos a quedar nadie ni para muestra, compadre! Aunque muchos de esos déspotas, seguramente, en algún momento de obnubilación mental por el gran acopio de poder y mando, y el desmedido adulamiento de consejeros y clérigos, hayan podido pensar que son eternos. Ejemplos a montones y no tan lejos.

De todas formas, lo que nos interesa a los demócratas y personas decentes en estos momentos es el porvenir del pueblo cubano, sobre todo, después del anunciado paso a la reserva de Fidel Castro. Personaje que ha mantenido a su patria aislada (no siempre por culpa de él) y bastante desasistida en el terreno de lo económico, social y político, siguiendo como siempre el triste guión de todas las dictaduras al uso, incluido los clásicos logros en deportes, educación y salud en este caso. Pues el habitual en los autócratas por nombrar algunos como, Mussolini, Hitler y Pérez Jiménez, consistían siempre en la construcción de grandes y faraónicas obras publicas que les dieran paso a la inmortalidad en forma de cemento armado.

Y eso que por allá en 1959, muchas personas pensaron que una nueva y feliz etapa se le presentaba a la “Perla del Caribe” con la llegada de los barbudos revolucionarios llegados desde Sierra Maestra para acabar con el vergonzoso Gobierno de Fulgencio Batista, (Banes, Cuba, 1901-Guadalmina, España, 1973) Sargento y alumno de periodismo, destinado a Camp Columbia, en La Habana, en 1928, donde se opuso a la dictadura de Gerardo Machado, y que alcanzó el poder en 1940, también por la fuerza, con la ayuda inestimable de los americanos y las grandes mafias internacionales.

Como verán se cumple casi siempre aquello que hemos dicho más arriba de que “él que a hierro mata...”, aunque en este caso Batista, el muy cabrón, cuando fue derrocado se fue de rositas para morir como todos conocemos, no sabemos si en paz, en la lejana y odiada España, refugio seguro por esos años de muchos coleguillas de Franco después de bajados del machito.

Tiempo tendremos de aquí en delante de tratar todos estos temas caribeños, pues los isleños de las ocho islas siempre hemos tenido una vieja y especial preocupación por lo sucedido en el sitio y lugar donde tantos canarios sentaron sus posaderas para los restos, por lo tanto, siempre pendientes de aquellas tierras y de aquellas gentes tan queridas para nosotros. Hasta Pronto.

Adiós Fidel
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