La RAE describe el significado de ‘patria’ como “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. La patria, tu patria o nuestra patria, por tanto, es de todas y todos, si así la sentimos, cualquiera que sea la región del país donde hayamos nacido o criado y con independencia de ideologías políticas, costumbres, religiones o el valor que fuere que nos hace ricos en la diversidad.
El pasado mes de mayo, el cantautor Rubén Blades donó y depositó en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes sus maracas y el manuscrito original de la canción ‘Patria’ durante el festival Centroamérica Cuenta celebrado en Panamá. En su letra, el maestro Blades dice que patria “son tantas cosas bellas” y también escribe y canta que patria “son los mártires que gritan, bandera, bandera, bandera, bandera; no memorices lecciones de dictaduras o encierros. La patria no la define los que suprimen a un pueblo”.
Ahora resulta que algunos muchos pretenden tomarnos por gilipollas vendiéndonos la idea y haciéndonos creer que una persona patriota, la que tiene amor a su patria y procura todo su bien, es un atributo innato de políticos y políticas de derecha ultra o derecha, líderes autoritarios, seguidores del fascismo o seres supremos que se autodenominan “personas de bien”.
Esta distorsión interesada es tendencia global en la guerra cognitiva que lleva por bandera la desinformación, especialmente en la confrontación política, infectada además en las redes sociales por grandes poderes económicos a través de marionetas de carne y hueso, plataformas digitales y medios de comunicación, todas y todos con fuertes intereses económicos particulares y en tocar poder. Trabajan para favorecer a la carta, primero, la utilidad de los amos que pagan, y luego, sus beneficios en dinero o especie, el clientelismo de siempre. En la ciudad de Barranquilla, la "Universidad Charilandia" tiene una cátedra aventajada en la materia.
En Latinoamérica además abundan iglesias evangélicas, convertidas en negocios con pastorcitos mentirosos que ofician, no como guías espirituales de su congregación, más bien como medianeros o intermediarios de políticos y sus intereses corruptos intentando alinear a sus fieles. El trabajo sucio no es gratis como tampoco la mafia trabaja por amor al arte.
La falta de memoria, educación y cultura, el olvido selectivo de la historia y la apatía por leer y contrastar informaciones envueltas en atractivos ‘packaging’ nos convierten en loros repetidores y rebaños al servicio de desinformadores y capos que están detrás de toda esa maquinaria mediática poderosa en tecnología y dinero para comprar conciencias.
El pasado 1 de junio, televisiones, radios y distintas cabeceras de prensa española abrieron la jornada informativa con el sorprendente resultado de las elecciones presidenciales de Colombia que están vistas para sentencia en segunda vuelta el próximo 21 de junio. Con una ajustada diferencia porcentual, 43,74 % frente a un 40,90 %, y contra lo que pintaban todas las encuestas, el candidato ultraderechista, Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria) venció al progresista, Iván Cepeda (Pacto Histórico), la misma fuerza política que llevó a la victoria hace cuatro años a Gustavo Petro, estadista respetado internacionalmente y seguramente el mejor presidente en la historia de un país que venía sumando más de 200 años de soledad. Para la derecha rancia y reaccionaria ha sido insoportable ver por primera vez a un presidente progresista en la Casa de Nariño.
Cuatro años sin mamanza después de dos siglos ha sido duro y cuatro más sería una condena perpetua, así que ahora todo vale para recuperar el poder. En España, el ínclito Aznar (PP) arenga que “el que pueda hacer, que haga”.
El crecimiento económico y el empleo, la disminución de la pobreza, el control de la inflación, los avances sociales, la inversión en sanidad y educación pública, el aumento de las visitas turísticas, el impulso al agro, la entrega efectiva de tierras a campesinos que antes eran de narcos, el paso adelante en transición energética, atención a las comunidades indígenas y los golpes al tráfico de drogas como nunca lo hizo el expresidente Iván Duque, son apenas algunos de los hechos verificables del periodo Petro.
Medios españoles con corresponsales en Latinoamérica dieron cuenta del sorpasso de la ultraderecha resumiendo la trayectoria de De la Espriella como un abogado defensor de bandidos. En su currículo aparecen mafiosos, paramilitares y grandes estafadores, este es el referente de la derecha y derecha ultra colombiana que apoya abiertamente Trump. Su perfil belicista es además compatible con el convicto presidente de USA, homófobo, machista, misógino y violador de derechos.
Entre la sombra del fraude electoral y la compra de votos que planean sobre la primera vuelta y los mil y un análisis que se siguen haciendo en el país, como ciudadano colombiano residente en Canarias hace casi 25 años, me remito al balance general de los resultados en el exterior. Estos nos acercan al comportamiento del gran conjunto de electores.
Cepeda ganó a De la Espriella en España por solo 2.000 votos, Cepeda también ganó en Europa, pero De la Espriella ganó en USA y eso le aseguró la victoria en el exterior. Obtuvo el 54 % de los 600.000 votos registrados fuera de Colombia, mientras que Cepeda se quedó en el 28 %.
Hablaba antes de la falta de memoria y la tiranía disfrazada de patriotismo. Por ejemplo, la mayoría de colombianos que nos fuimos del país lo hicimos básicamente por dos motivos: por falta de oportunidades para la supervivencia y/o desplazados por la violencia. Y un detalle que no es menor, la inmensa mayoría aterrizamos en Europa, Estados Unidos y otros destinos mucho antes del Gobierno de Petro. Todas y todos huimos de esos 200 años de soledad en los que la politiquería se repartía la riqueza del país sin importar ni siquiera la vida humana. En la región de La Guajira, rica en recursos naturales, gas, carbón y potencial en energía eólica, murieron más de 4.700 niños por desnutrición en solo ocho años.
Así está el panorama de un país que debe elegir el 21 de junio entre el regreso al saqueo y la represión del pasado cercano que representa De la Espriella o la continuidad de las políticas del gobierno del cambio que promete Cepeda.
Preocupa el síndrome de Doña Florinda instalado en la clase media y sectores marginados de la población colombiana. Doña Florinda era uno de los personajes de la famosa vecindad de la serie televisiva El Chavo del 8, del humorista mexicano Roberto Gómez Bolaños, que viviendo en un barrio humilde, se creía de clase alta, pretendía dar lecciones de moral a todos, vivía endeudada para aparentar, y según ella, todo el mundo la envidiaba. Tener apartamento, vehículo, smart TV, teléfono móvil y viajar a Miami a comprar en los mall no convierte a nadie en aristócrata.
La Patria boba fue un periodo histórico de Colombia después de la promulgación de la independencia de 1810. El país empezó una guerra entre quienes defendían un gobierno centralista y los que pretendían uno federalista. El conflicto desencadenó en el comienzo de la reconquista española en 1815. Avisado estamos, ahí, en el sur del sur del continente, tenemos el ejemplo del motosierra Milei. Después, como decía el narrador deportivo colombiano Rafael Araujo Gámez al cantar un gol: “no,no,nooo, ya no hay (habrá) tiempo de llorar”.
