viernes. 30.01.2026

"Lanzarote atraviesa una de las etapas más delicadas de su historia democrática reciente. Detrás de los discursos oficiales y las cifras maquilladas, la realidad es contundente: una isla desbordada, un territorio sin rumbo claro y unas instituciones cada vez más alejadas de la ciudadanía". De esta manera tan contundente inicia Laureano Álvarez, fundador y líder de Unidos por Lanzarote (UPL), un artículo que ha enviado a este diario como el primer paso para anunciar su regreso, después de que tanto él como la organización que en su día se creó para tratar de resucitar una gran formación insularista llevaran años apartados de la primera línea de fuego. Lo hace además, como también sucedió en su momento con el registro del nombre de la organización, en el momento en el que la gente que está detrás del otro proyecto similar, el Juntos Por Lanzarote (JPL) de Óscar Noda, no termina de arrancar y sólo se presenta a través de filtraciones a algunos medios locales. 

"El crecimiento desordenado, la presión turística sin control, la emergencia habitacional, el deterioro de los servicios públicos y la pérdida de poder adquisitivo no son fenómenos aislados. Son las consecuencias directas de años de mala planificación, de decisiones sin consenso social y de una política que ha dejado de pensar en el largo plazo", expone Álvarez, quien añade que "hoy Lanzarote no sufre una crisis puntual, sufre una crisis estructural de modelo, un sistema político agotado".

El líder de UPL considera que los grandes partidos han convertido la gestión de la Isla en un tablero de intereses cruzados, donde pesan más los pactos de despacho que las necesidades reales de los ciudadanos. "La isla se gobierna desde la inercia, no desde la estrategia. Se improvisa donde debería planificarse, se reacciona donde debería anticiparse. Mientras tanto, los jóvenes no pueden acceder a una vivienda, la sanidad pública se colapsa, el territorio se degrada, los salarios pierden poder frente al coste de la vida y la ciudadanía pierde confianza en quienes gobiernan", recalca.

"Este distanciamiento entre poder político y sociedad es el síntoma más grave: cuando la gente deja de creer, el sistema deja de funcionar", subraya.

Por todo ello, la formación insularista dice que se convierte en una alternativa que vuelve a ser imprescindible. "En este escenario, la razón de ser cobra hoy más fuerza que nunca", garantiza su fundador, quien insiste que el partido nació para defender los intereses de la Isla por encima de cualquier sigla, para poner a Lanzarote en el centro de las decisiones y para construir un proyecto propio, coherente y valiente.

"Hoy, cuando el modelo muestra claras señales de agotamiento, la Isla necesita una fuerza que no dependa de órdenes externas, ni de estructuras ajenas, ni de pactos que comprometan su identidad. Necesita una voz que no se conforme, que no se calle, que no negocie el futuro de Lanzarote a puerta cerrada. Estamos ante un momento decisivo. La isla ya no puede seguir por el mismo camino sin pagar un precio irreparable. Cuando una sociedad llega a este punto, no se trata solo de cambiar nombres, se trata de cambiar el rumbo. Lanzarote está enviando señales claras. Lo que está en juego no es una legislatura, sino el futuro mismo de la Isla", remarca Álvarez.

Por último, asegura en su nota que su formación siempre ha sido una herramienta al servicio de la ciudadanía y cuando una isla siente que nadie la defiende como merece, la historia demuestra que surgen nuevas etapas. "Tal vez estemos más cerca de una de ellas de lo que muchos creen", advierte.

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