lunes. 26.02.2024

Fotos: Dory Hernández

El pueblo de La Graciosa se ha organizado para plantear exigencias a las administraciones públicas. Los gracioseros han conformado el Consejo de Ciudadanía, cuyos portavoces hablaron este martes con el presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, que celebró una reunión con los vecinos de la isla en el centro sociocultural de Caleta del Sebo.

La Graciosa se siente maltratada y discriminada por las instituciones. Sus habitantes quieren ser independientes de Lanzarote y del Ayuntamiento de Teguise. La Graciosa quiere ser la octava isla del Archipiélago, con sus propias administraciones públicas. Miguel Ángel Páez, uno de los portavoces del Consejo de Ciudadanía, le dijo al presidente que los gracioseros quieren “escuchar hablar de las ocho islas canarias, y no de siete”. Páez explicó a Crónicas que aunque los habitantes de la isla no se plantean tener un cabildo propio, sí quisieran que existiera un ‘Cabildo de Lanzarote y La Graciosa'.

El modelo de desarrollo

La Graciosa, ejemplo de la sostenibilidad para Paulino Rivero, quiere contar con nuevas posibilidades de desarrollo económico. Tras la reunión de los vecinos con Rivero no ha quedado claro que la idea de desarrollo de los gracioseros coincida con la postura del Gobierno canario. Mientras que el presidente habló de combinar el respeto máximo al entorno natural con el progreso para garantizar una vida digna a los habitantes de la isla, los gracioseros insistieron en que la pesca ya no es un sector primordial de la economía insular. Lo cierto es que ni el presidente aclaró que posibilidades de desarrollo que se le pueden dar a una isla sobreprotegida, ni los ciudadanos dejaron claro cómo ven su futuro. “Estoy seguro que la inmensa mayoría de la gente de La Graciosa no quieren un desarrollo que será pan para hoy y hambre para mañana”, dijo Rivero. El progreso que han experimentado las demás islas del Archipiélago, principalmente gracias al turismo, no es una opción para el Ejecutivo canario.

El acuerdo deberá salir del Consorcio de gestión y administración de La Graciosa, que sigue pendiente de contar con unos estatutos. Los vecinos pidieron al presidente que se agilice su constitución para abordar con la mayor urgencia posible la modificación del Plan Rector de Uso y Gestión del Archipiélago Chinijo (PRUG). Un Plan aprobado en 2006 que en redacción actual se basa más en prohibiciones, sobre todo en materia de pesca y territorio, que en abrir puertas para la apertura de nuevas industrias y sectores económicos. “El PRUG es un gran impedimento para el desarrollo” de La Graciosa, dijo al presidente canario Ginés Díaz, uno de los vecinos que hablaron en nombre de todos los habitantes.

Pesca y política territorial

Los gracioseros piden el levantamiento de la prohibición de marisqueo, pulpeo y pesca de carnada en las aguas de la Reserva Marina. A la petición respondió Francisco López, viceconsejero de Pesca del Gobierno, asegurando que la orden para permitir estas actividades se está preparando.

La Graciosa exige además que la prestación de servicios en el varadero del puerto siga en manos de la Cofradía. El director general de Puertos, Juan Manuel Soto, garantizó que será así siempre que la Cofradía cumpla con una serie de requisitos mínimos en materia de medio ambiente y seguridad laboral, como exige una directiva de la Unión Europea.

Distinto es el caso de la zona deportiva y recreativa del puerto de Caleta del Sebo. El Gobierno trabaja en un estudio para hacer una concesión administrativa a una empresa privada que se dedique a la prestación de servicios en esta zona portuaria.

Otras solicitudes de los gracioseros, como la apertura de algunos caminos hoy cerrados, o el permiso para la extracción de áridos, tienen que ser negociados con el Estado, que tiene en propiedad gran porción de los terrenos de la isla.

“Se habla mucho de la Reserva, pero no de los habitantes”

Un vecino, Alexis Hernández, pescador profesional, fue aplaudido por toda la sala cuando se acercó al presidente para preguntarle por qué no puede pescar en la isla en la que se ha criado y vive. “¿Por qué me tengo que ir a África?”, preguntó Hernández a Paulino Rivero. “La Reserva se ha hecho para protegernos a nosotros, a los gracioseros. Pero aquí se habla mucho de la Reserva, pero no se habla nunca de los vecinos”, de las necesidades que tienen, dijo.

La Graciosa pide la independencia
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