Desde hace unos pocos años, terroristas con delitos de sangre y condenados a penas de cárcel, disfrutan de beneficios penitenciarios que les permiten salir de la celda antes del cumplimiento de la condena impuesta para pisar las calles con cierta libertad.
Críticas, desasosiegos y ansiedades justificables de las víctimas. Discursos políticos, pocos, y artículos de opinión, muchos, cuestionando los beneficios a los asesinos y el agravio que supone ningunear a las personas perjudicadas.
El sentido común de los mortales corrientes y molientes se atrofia al no alcanzar comprender ese maremágnum legislativo de normas, decretos, indultos, ...
Toda una retahíla leguleya que acaba cuestionando la propia existencia de los Códigos Civil y Penal, que supuestamente son leyes de obligado cumplimiento, pero que por alguna extraña razón, se solapan con esas otras potestades que también existen para que pueden eximir o anular esas mismas obligaciones y responsabilidades.
Una incomprensión lo de obligado cumplimento pero que se puede no cumplir y exigencias obligadas que pueden no ser exigidas. Contradicciones lógicas no comprensibles. Bueno, iIógicas, en todo caso.
Se aprobó una nueva ley conocida como prisión permanente revisable surgida de la alarma social provocada por violadores que previamente secuestraban y además asesinaban a sus víctimas ocultándolas para no encontrar fácilmente sus cadáveres.
Parece que también se aplica en esos otros delitos de flagrante gravedad, como cuando sin piedad, después de asesinar ocultan los cadáveres de niñas y niños de corta edad en la denominada recientemente como violencia vicaria (El caso de “pescaíto” con su asesina Ana Julia)
Después se aprobó otra ley que supuestamente era para añadir más tiempo de condena a las violaciones sin crímenes, o a las agresiones sexuales no consentidas. Sin embargo, lejos del loable objetivo, se convirtió en un bodrio contradictorio e incomprensible que acabó conocida por su redundancia absurda de sólo el sí es sí.
Con ella se aplicó una rebaja de condenas penitenciarias a más de un millar de violadores que salieron a la calle sin cumplir toda su pena carcelaria porque la estúpida ley les concedió ese beneficio. Luego se modificó de aquella otra manera tratando de revertir la locura. Pero el daño resultó irreversible y las consecuencias, pues, ya se conocen.
Otra sinrazón que el sentido común tampoco entiende: aplicación de beneficios penitenciarios si las nuevas leyes aprobadas les benefician. No aplicación del endurecimiento de las condenas si las nuevas leyes les perjudican.
A los terroristas no se les puede aplicar la permanente revisable porque a las personas secuestradas no las violaron. Sólo las asesinaron con pistolas a bocajarro y a otras las despedazaron con distintos tipos de bombas usadas.
Tampoco por el caso de las y los menores asesinados porque sus cadáveres no fueron escondidos. Simplemente las bombas esparcieron sus miembros por los alrededores y sus cachos fueron encontrados y reunidos.
Resultaron víctimas infantiles colaterales por estar en un cuartel, culpa de sus padres porque decidieron ser guardias civiles, y otras que paseaban por las calles o fueron llevadas por sus inconscientes papás y mamás a un centro comercial.
Y por supuesto, esa aplicación de la permanente revisable a terroristas ya condenados no es posible porque claramente les perjudica, aunque se tengan más de tres centenares de crímenes sin esclarecer.
Estupideces de una Democracia que sucumbe ante los horrores que la impiden consolidarse, al renunciar a la exigencia del cumplimiento de responsabilidades a quienes han justificado arrebatarles la vida a personas inocentes y no reacciona de manera contundente para garantizar la seguridad de la ciudadanía, así como defender su Estado de Derecho y la Libertad.
¿Y las razones de toda aquella barbarie perpetrada? El descubrimiento de un nuevo medio para vivir que un puñado inadaptados justificaba amparándose en una ensoñada excusa: la creación de una nueva república comunista que surgiría con la agrupación de dos comunidades autónomas y rejuntadas a otro pizco tierra por allá de los Pirineos que tenían pensado robarle a Francia.
Sí, ya. Un disparate. ¿Pero cuántos sinsentidos han dejado sin vida a millones de inocentes, y la desmemoria histórica les acabó olvidando?
Se escucha el grito miedoso de víctimas solicitando se garantice el cumplimiento de las órdenes de alejamiento. Un ruego inútil ante un gobierno cómplice con la delincuencia de quienes mataron odiosamente, cegados por una quimera ideológica en una nueva etapa de España donde lo absurdo ya no tenía cabida, y mucho menos aún, en esa otra Unión con los pueblos de Europa.
Pero los terroristas en libertad antes del cumplimento de sus condenas gracias a las injustas decisiones del PSOE, PNV y BILDU ahora se encuentran en las calles. La emoción y la sensación de victorias no les permite percatarse de su vulnerabilidad al no estar protegidos en sus celdas dentro de las cárceles. Están fuera desarrollando actividades normales como las demás personas, a las que incluso procurarán un medio de vida.
Empiezan sus nuevos hábitos horarios de lunes a viernes y sus actividades de ocio los fines de semana, con lo cual, disfrutarán de sus habituales movimientos: de sus casas al trabajo y viceversa. De sus visitas a las mismas cafeterías. De lugares de encuentros donde desarrollen sus aficiones…
Lo mismito que hacían profesores de universidad, diversos profesionales en las distintas administraciones públicas, policiales, militares, periodistas de varios medios de comunicación, o algún concejal de pueblo que alguna tarde quedaba con amigos para practicar su música preferida,… Vidas escogidas con seguimientos vigilando el movimiento de sus rutinas. Demasiadas personas secuestradas, asesinadas, heridas, desterradas,…
Están siendo puestos en libertad con órdenes de alejamiento y distintas distancias con la idea de no soliviantar a tanta gente perjudicada, pero no se quedan en sus casas llevando vida discreta e incluso avergonzada, sino que continúan jaleándose con homenajes humillantes y provocando sin sonrojarse, hasta que el día más inesperado la reacción les estalle en sus caras.
¿Cómo podrán impedir que el miedo, la ansiedad, y el temor de una víctima anónima cualquiera, se acerque hasta ellos a tres metros y les pegue un tiro en la frente cuando menos se lo esperan?
No los imaginamos de pie frente al urinario de un bar, en el de las empresas donde trabajen o en el de un centro comercial observando tranquilamente sus meadas. No se ven las pollas porque sus ojos cagados están vigilando continuamente sus culos.
¡Vaya porquería vida!
