Si hay algo que tengo claro desde hace mucho tiempo es que a los políticos, el ciudadano le importa muy poco o nada y solamente le valora, de aquella manera, cuando le tiene que pedir el voto para seguir en la poltrona pública, cobrando de la caja pública y no teniendo la necesidad, como la que tenemos los demás, de demostrar que, para cobrar lo que se cobra, están cualificados.
Pero lo curioso del caso que me ocupa es que, teniendo claro lo primero, se le añade la situación que estamos viviendo en Lanzarote, en el Cabildo y en el Ayuntamiento de Arrecife.
Hay una guerra declarada en el seno del Partido Popular que está afectando seriamente a las estructuras internas del partido. Por mucho que se quiera aparentar normalidad, tranquilidad y buenos alimentos, la realidad que vemos los que no cobramos del partido ni de ningún otro, es que menos tiros hay de todo, traiciones, puñaladas traperas, intentos de condenar a quien no se lo merece, etc.
Lo que está haciendo el Alcalde y su acólita de cabecera es tirar por tierra todo el prestigio que el partido podía tener. Es miserable actuar de la forma que están haciendo solamente por una venganza personal. Esto se resume así de simple, un despechado, políticamente hablando, que monta una conjura para eliminar, con consecuencias muy serias, a la causante teórica de los males que les asolan.
Si el Ayuntamiento, por medio de los servicios jurídicos, certifica que, en el caso de la Secretaria General del PP, no hay daño contable en absoluto, ¿qué pinta el Alcalde personándose ante el Tribunal de Cuentas con un informe externo al Ayuntamiento que dice lo contrario del de la letrada municipal? Esto agravado por el hecho de que el pleno del Ayuntamiento, por mayoría, decidió elevar al Tribunal el citado informe exculpatorio. Bien es verdad que, en el primer pleno en el que se trató este asunto, los acólitos del Alcalde, con él a la cabeza, se opusieron a su aprobación y en el segundo celebrado hace muy poco se abstuvieron con excusas peregrinas sin sentido alguno.
Pero mas allá de estas actuaciones, que a mi juicio están fuera de toda lógica, no ya política sino personal y humana, hay algo que me preocupa más y que constituye el sentido del encabezamiento de este artículo.
En todo este drama popular, el Presidente del partido, Manuel Domínguez, ha venido sistemáticamente apoyando a su Alcalde a pesar de que, por prudencia por la que está cayendo y podría caer, debería mantenerse un poco en el burladero a verlas venir por si acaso.
No sólo no muestra un mínimo de prudencia sino que además el apoyo sistemático a su alcalde supone clavarle cada día un poco más la espada que el susodicho empleado municipal ha puesto en la espalda de su Secretaria General. Que el Presidente del partido muestre tal grado de desprecio por la figura de una Secretaria General y Vicepresidenta de un Cabildo es algo que pone de manifiesto la catadura moral de la persona que preside una formación política tan respetable como el Partido Popular, por mucho que sus dirigentes se empeñen, día sí y día también, en desprestigiar años de historia democrática.
Cuando pregunte el porqué, con lo que está pasando en el Ayuntamiento de Arrecife, el Presidente no hacía más que alabar al empleado con más rango de la institución, me dijeron que las encuestas que manejaban les daban muy buenos resultados y que ante eso, poco se podía hacer.
Es decir, que porque unas encuestas realizadas a pie de concierto y con las voluntades y raciocinios bastante mermados por los efectos de las sustancias propias de tales eventos les dan los votitos suficientes para seguir mamando de la teta pública, eso es motivo más que suficiente para olvidarse de que en esta vida la honestidad, la honradez y la ética deberían primar más que la posibilidad de gobernar en una institución.
Cuando el Presidente del PP toma partido por el empleado municipal que tiene al frente de la institución ya ha decidido de qué lado de la sociedad quiere estar y no es precisamente del lado en el que militamos la mayoría de los ciudadanos, un sitio en el que el ser humano está muy por encima de los intereses políticos.
Cuando el Presidente del PP y sus allegados toman partido por el citado personaje dejan muy claro que la dignidad es algo que no va con ellos; en un enfrentamiento tan cruento, en el que gracias a Dios le falta la sangre, priman más los votos que la gestión verbenera les pueda aportar que la nefasta gestión municipal, salpicada de escándalos de todo tipo, que su partido está llevando a cabo desde que conformaron el grupo de gobierno.
Espero que la justicia, en la que no confío demasiado, sea lo suficientemente rápida para poner a cada uno en su sitio y demostrar de esta manera lo equivocado que está Manolo en sus querencias populares.
Si al final el Fiscal imputa, ¿que va a decir el todopoderoso Presidente del PP? Seguro que alguna excusa pone para escurrir el bulto y no salir demasiado perjudicado.
