sábado 4/12/21

Arrecife, o como ser un/a inútil y no morir en el intento

Según la RAE, la definición de inútil seria “persona que no produce provecho, servicio o beneficio”

Según esta definición, calificar a una persona que no produce provecho, servicio o beneficio, como una persona inútil no sería, en ningún caso, una falta de respeto hacia la susodicha.

Y dejo esto claro porque en este artículo voy a escribir sobre personas que tienen esta característica, además de otras sobre las cuales no tengo la intención de pronunciarme.

Lo que sucede en el muy ilustre Ayuntamiento de la no menos ilustre capital de la isla, Arrecife, se escapa de cualquier análisis racional que pueda justificar o razonar determinadas actitudes políticas.

En la empresa privada, cuando un empleado demuestra que es un inútil para desarrollar el puesto que le han confiado, lo que la dirección de la misma hace, con un criterio lógico, es quitarlo de su puesto y, o bien lo despide porque no vale ni para este ni para ningún otro puesto, o lo reubica en algo que se adapte mas a sus características o cualidades profesionales, que también es cierto que no todos valemos para todo.

En cualquier caso, la responsabilidad de que el inútil este trabajando no debe caer nunca sobre su persona sino sobre el que le paga y le mantiene a sabiendas de que no vale para lo que hace.

En política no. En política, cuando un concejal demuestra que fue en las listas electorales porque en su partido, o no encontraron alguien con más luces, o era el más hábil llevando cafés, o su sumisión le hacía candidato a todo, una vez que demuestra el porqué de su nominación y se verifica su profunda inutilidad para llevar a cabo labores políticas de responsabilidad pública, lo que se suele hacer en lugar de mandarlo al potrero a evitar que alguien entre a robar tapacubos, es colocarlo en otra concejalía u otra oficina de la institución en cuestión, con el fin de que ratifique su condición de inútil profesional, a costa esos sí, de los impuestos de los ciudadanos. Inútil si, pero de tonto ni un pelo, faltaría más.

Y como muestra un botón.

En Arrecife hemos asistido a lo largo de este último año de legislatura a algo similar, con la diferencia que el epilogo está por escribir todavía.

Se nombró concejala de Hacienda a una miembra del PSOE, por aquello del reparto del pastel entre las mises.

La susodicha se ha pasado el año igual que yo primero de carrera, ni un palo al agua y llegando tarde a todas las clases. Yo por lo menos tenía la excusa, o por lo menos eso le decía a mi padre, que a las nueve había claustro de profesores y hasta las diez y media no estaban disponibles. Lo que, como consecuencia de mi juventud, no me había terminado de dar cuenta es que, entre otras cosas, mi padre es catedrático y de esas, se las sabe todas.

Pues bien, cuando la inutilidad política de esta concejala se manifiesta con mayor virulencia, es decir, el día que se abstiene en la comisión que tiene que llevar a pleno la aprobación de los presupuestos municipales, al responsable de turno de su partido no se le ocurre otra cosa que decir que, después de haber aprobado los mismos gracias al trabajo ingente realizado durante meses por la concejala de hacienda, esta se toma un merecido descanso de quince días con el objetivo de recuperar fuerzas, ya que analizar y cuadrar tanto numero la ha dejado agotada mentalmente.

Lo que el ciudadano no sabe es que en la elaboración de los presupuestos municipales, contrariamente a lo que la lógica debería mandar, la concejala de hacienda no ha tenido nada que ver y cuando digo nada es nada.

Está cansada por el esfuerzo realizado y por eso se coge quince días de vacaciones. Y yo soy negro, mido 2.16 centímetros y me llamo Lebrón James.

La realidad y aquí es donde radica la diferencia entre la empresa privada y la institución pública, es que a esta, políticamente, inútil la van a recolocar en otra institución donde el PSOE tiene mando en plaza. No creo que sea en el Cabildo porque estaría demasiado cerca. Me suena más a alguna dirección del gobierno de Canarias, de esas que no tienen contenido y por la que se cobra un buen dinerito por no dar un palo, vas vestida de bonita y con tacones todos los días, te relacionas con la nobleza política canaria y mantienes un status acorde a tus pretensiones y te alejas del foco mediático que cuestionaría, por y para siempre, tu nula capacidad para gestionar nada.

Mientras en la empresa privada, la empleada inútil pasaría, con toda seguridad, a engrosar las listas del paro, en política se la premia con un puesto, igual de vacío de contenido que la concejalía que deja, pero con mucho más valor añadido.

Esto se llama, coloquialmente, hacerse un Eva.

En política está demostrado que no valer para nada no es un impedimento para ocupar cualquier cargo muy bien remunerado. Es más, cuanto menos valgas más garantías tienes de ser colocado en un buen puesto.

Curiosamente, en política está demostrado que el que vale, no vale.

Y ojala me equivoque, lo digo en serio

Arrecife, o como ser un/a inútil y no morir en el intento
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