Lo que se vendió como el paraíso de los derechos animales ha terminado por abrir, de par en par, las puertas del infierno. El Real Decreto 666/2023 prometía ser el escudo de los más vulnerables, pero hoy es el verdugo de propietarios, veterinarios y de los propios animales. En la España actual, tener un compañero de cuatro patas ha dejado de ser un acto de afecto para convertirse en un artículo de lujo gestionado por una burocracia ciega y una voracidad recaudatoria sin límites.
El negocio del dolor
Mientras el Gobierno intenta maquillar el impacto económico con deducciones en el IRPF de apenas 100 euros, la realidad en la calle es otra. ¿Alguien en el Ministerio se ha parado a calcular el coste de dos vacunas básicas? Esos 100 euros se evaporan antes de salir de la clínica. Pero el problema no es solo el gasto; es el laberinto administrativo con Hacienda y la asfixia a la que se somete a los profesionales.
Este decreto ha creado un escenario donde los laboratorios farmacéuticos y las marcas de piensos especializados se están "haciendo de oro". Es indignante observar cómo un saco de pienso hepático que antes pesaba 14 kilos y costaba 50 euros, hoy pesa 12 kilos y cuesta 70 euros. Marcas que suben precios cuatro veces al año sin control alguno. Estamos ante una reduflación animal permitida por un Ministerio de Agricultura que parece haber desaparecido tras el relevo de sus cargos, dejando a los ciudadanos desamparados frente a las multinacionales.
La brecha sanitaria y el mercado negro
La situación ha llegado al esperpento: debido a la escasez y al precio de los fármacos veterinarios, muchos propietarios recurren a médicos de cabecera para conseguir medicamentos de humanos que sirvan para tratar problemas renales en perros. Sin embargo, los gatos parecen haber caído en una "lista negra" estatal; para ellos no hay nada, apenas una pastilla autorizada en un listado que asfixia el criterio clínico del veterinario.
Esta precariedad está empujando a los dueños a mirar hacia Portugal o Francia, donde los mismos productos son significativamente más baratos. ¿Cómo es posible que en un mercado común la salud de un animal valga el doble dependiendo de qué lado de la frontera se encuentre?
El IVA de la vergüenza
Es aquí donde la hipocresía política alcanza su punto máximo. En este país, la cultura o los toros disfrutan de un IVA reducido del 10%, mientras que la salud de un perro o un gato —un miembro de la familia— tributa al 21%. Es un sinsentido ético. No se contemplan los perros de ayuda psiquiátrica o de víctimas de violencia de género como la necesidad vital que son, sino como un capricho fiscal.
A esto se suma la falta de unidad nacional en criterios sanitarios. ¿Por qué en lugares como Castilla-La Mancha se obliga a poner dosis de rabia que los propios laboratorios certifican para varios años? La respuesta parece estar de nuevo en la cartera: enriquecer al laboratorio y gravar al ciudadano, ignorando la ciencia.
Un decreto contra la vida
El resultado de este "activismo" de despacho es desolador.
- Aumento de abandonos: Las familias no pueden costear las consultas y tratamientos.
- Miedo en las clínicas: Veterinarios aterrados por multas que superan el millón de euros o la pérdida de licencias si el animal fallece, bajo una normativa que algunos jueces ya califican de dudosa legalidad.
- Saturación de protectoras: Las suscripciones y ayudas no dan abasto ante la avalancha de animales descartados por la crisis económica provocada.
Los animales no son coches ni joyas. Son los que nos guían en la ceguera, los que detectan drogas y explosivos, los que acompañan en hospitales y los que nos salvaron en la reciente tragedia de la DANA. Reducir los costes veterinarios y de alimentación no solo es una cuestión de humanidad, sino de economía básica: incluso abarataría los procesos ganaderos y el precio final de los alimentos.
Es hora de dejar de pensar con la cartera y empezar a usar la cabeza. El Real Decreto 666 no vino a salvar a nadie; vino a convertir el derecho a tener un animal en un privilegio de élites. Si quienes vinieron a proteger a los animales son sus principales verdugos, es que el sistema no solo está roto, sino que es profundamente cruel.
