sábado 25/9/21

¿Salvar la Navidad?

Que la pandemia ha marcado nuestra vida durante muchos meses es una realidad, hemos cambiado de hábitos y nuestra rutina se ha visto modificada, en algunos casos podría decir que para bien.

Durante esta situación, quienes nos gobiernan y sus voceros tuvieron la habilidad de imponernos nuevos términos, como desescalada o desconfinamiento, que ni siquiera estaban en aquel momento recogidos por la Real Academia Española de la Lengua (RAE) y todos los utilizamos sin cuestionarnos su autenticidad.

Pasamos después a la “nueva realidad”; la realidad es la existencia verdadera y lo de nueva sobraba en mi humilde opinión. Y ahora nos machacan con “Salvar la Navidad”. ¿Qué quieren decir con salvar la Navidad? ¿Por qué no dicen que quieren salvar la economía?

Entiendo que la situación económica que atravesamos es dramática y necesitamos activar el consumo para que fluya el gasto. La restauración necesita las celebraciones de las empresas, de familias y allegados para poder salvarse. Los comercios en muchos casos sobreviven el resto del año gracias a las ventas de Navidad y Reyes. Por lo que evidentemente el consumo se debe activar ya que la economía es circular y eso nos beneficiará a todos. Pero, ¿hay que salvar la esencia de la Navidad?  

Para los católicos todo comenzó hace más de 2000 años en un humilde establo con una familia sencilla y una cuna que era en realidad un comedero para el ganado. Y no hay que explicar mucho más porque ya todos sabemos lo que significó.

Para los celtas el origen es astronómico, concebido como una energía que viene desde el centro de nuestro sistema estelar y que llega año tras año para repartir, más que cosas materiales, aquello de lo cual los seres humanos no pueden prescindir: paz, amor, armonía y alegría.

En todas las culturas se organizan reuniones con amigos y familiares para darle la bienvenida y cumplir con las distintas  tradiciones navideñas. La idea es compartir la buena energía en torno a los planes para el próximo año y celebrar las peticiones que se cumplieron del año anterior.

Este año seremos menos en la mesa, pero estoy segura de que esta circunstancia conseguirá que el verdadero espíritu de la Navidad sea más sincero, hagamos todos un esfuerzo para transmitir esos valores y no corramos el riesgo de que nos pase como a Scrooge y nos visiten los espíritus de la Navidad para recordarnos lo que éramos, lo que somos y avisarnos de en lo que nos podemos convertir.

Para terminar, estoy cansada de la ambigüedad de este Gobierno y de su forma de transmitir lo que nos quiere decir. ¿Tan difícil es hablar claro y llamar a las cosas por su nombre? O será que quieren que pensemos como ellos dicen y hablemos como ellos mandan…

¿Salvar la Navidad?
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