jueves. 11.06.2026

La xenofobia en España no es nueva, es producto de nuestra historia

Como nos dice George Makari en su libro Del miedo y los extranjeros. Una historia de la xenofobia, la prehistoria de este peligro moral y político llamado xenofobia puede comprenderse  mirando la creación del primer imperio occidental moderno, el español. La xenofobia es el odio, miedo, rechazo u hostilidad hacia los extranjeros o hacia personas percibidas como ajenas a la comunidad o nación. Este término proviene del griego "xénos" (extranjero) y "phobos" (miedo/fobia).

En el reino de España nunca se ponía el sol. Este sistema de gobierno se consolidó en 1492, cuando los gobiernos de Castilla y Aragón unieron sus fuerzas  para acabar con el régimen musulmán en la península ibérica. Antes, durante siete siglos, los musulmanes habían dirigido una sociedad relativamente tolerante en la que se permitía a cristianos y judíos conservar su identidad religiosa. Los súbditos no musulmanes no eran iguales: se les exigía pagar más impuestos. No obstante, podían mantener sus creencias y coexistir. Siglos de convivencia diluyeron poco a poco las líneas divisorias entre los diferentes grupos. Los músicos y los juglares actuaban en festivales cristianos; los judíos adoptaban el árabe como lengua. Durantes las sequías, las plagas y las calamidades, los tres credos unían sus fuerzas para rogar a todas sus bases celestiales. Los habitantes de Córdoba, Sevilla y Granada practicaban  la “tolerancia sin teoría de la tolerancia”. Nos dice Reyes Mate que Hispania fue la tierra de tres creencias. Hubo, claro, roces, pero en el doble sentido de enfrentamientos y encuentros. En Cuéllar, por ejemplo, el corregidor asiste en 1470 a una conferencia sobre Santo Tomás que imparte el rabino del lugar; en Arévalo el rabino sustituye al cura en la catequesis; Cervantes nos dice que su texto es una traducción del árabe, en homenaje a la que el castellano debe a esa lengua; la potente línea mística española, bien representada por Santa Teresa y San Juan de la Cruz, está inspirada en la tradición espiritual musulmana.

Pero nada más que Isabel de Castilla y Fernando de Aragón conquistaron Granada, todo cambió. Ahora, unos devotos monarcas católicos reinaban sobre centenares de miles de musulmanes, judíos y poblaciones mixtas, todas ellas acostumbradas a la libertad religiosa. Forjar una única España era extremadamente difícil debido a la infinidad de identidades híbridas que habían surgido bajo el gobierno musulmán. Durante siglos, numerosos cristianos y algunos judíos se habían convertido al Islam. ¿Regresarían a sus antiguas creencias? Los mozárabes eran cristianos, que conservaron su fe bajo el gobierno musulmán, pero que adoptaron el árabe como su lengua materna, ¿hablarían ahora en castellano? En cuanto a los centenares de miles de mudéjares, musulmanes que se quedaban en territorio ahora cristiano, ¿en qué lugar quedarían ahora en la que antes era su tierra natal?

Isabel y Fernando encontraron la solución en una mezcla de piedad y propósitos maliciosos, mediante un simple decreto convirtieron el país cristiano más pequeño demográficamente en el más puro. El catolicismo se convirtió en grito de guerra: la única santa, católica y apostólica Iglesia fundiría a las multitudes  en una unidad. Entonces convertirse pasó a significar extirpar a los enemigos de la propia fe y unir a súbditos muy dispares mediante el miedo.

En esa búsqueda de una España estrictamente católica, el rey y la reina incitaban, provocaban y convertían sin cesar a los musulmanes y judíos, ahora enemigos comunes de esa nación, en todo un símbolo. Esos extraños  debían enfrentarse a la expulsión o la conversión forzosa. Pero incluso quienes se convirtieran siempre eran sospechosos de ser de una manera fingida para salvar su vida. Los alrededor de trescientos mil musulmanes conversos al cristianismo, los moriscos, soportaron malas condiciones durante un siglo antes de su expulsión (1609), al ser declarados de sospechosos de colaborar con los turcos. Este acto de limpieza étnica lo refleja perfectamente Cervantes en Don Quijote de la Mancha. En el capítulo LIV de la segunda parte se narra el emocionado encuentro de Sancho con Ricote, el morisco de su lugar, que vuelve a su aldea de incógnito, disfrazado, por no poder hacerlo tras haber sido expulsado y vivir un tiempo en Francia y finalmente en Alemania, donde había recalado. Ricote le dice a Sancho: «Fuimos castigados con la pena del destierro, blanda y suave al parecer de algunos, pero al nuestro la más terrible que se nos podía dar. Doquiera que estamos lloramos por España, que, en fin, nacimos en ella y es nuestra patria natural; en ninguna parte hallamos el acogimiento que nuestra desventura desea». Y en el capítulo LXIII, no menos dolor por la expulsión expresa Ana Félix, hija de Ricote.

La obsesión por los falsos conversos de los judíos fue inmensa. Incluso en épocas más tolerantes, los judíos ibéricos habían sido perseguidos por determinados sectores de la sociedad. Durante estos episodios muchos judíos se convirtieron en los cristianos nuevos o conversos. El 31 de marzo de 1492, Isabel y Fernando publicaron el decreto de expulsión, exigiendo que la totalidad de los doscientos cincuenta mil judíos la abandonaran de inmediato. Las secuelas no solo fueron demográficas, sino también culturales. Una prueba. En el pueblo de Híjar (Teruel) bajo el mecenazgo del duque Juan Fernández de Híjar y Cabrera, trabajó el impresor judío Eliezer ben Alantansi, el cual publicó una magnífica edición del Pentateuco entre 1487-1488, además de otras obras como un comentario de Rashi, un Tárgum (traducción de la Torah al arameo), o el Tur Yoré De’ah (Tratado de enseñar a saber) de Jacob ben Aser. Tales ejemplares tuvieron una gran difusión y hoy están dispersos por las mejores bibliotecas del mundo, como es el caso de The Library of the Jewish Theological Seminary de New York o la Biblioteca Nacional de Madrid, donde el único incunable hispano-hebreo de sus fondos es una edición del Pentateuco impreso en Híjar.

En cuanto a los cristianos nuevos, se quedaron, pero bajo sospechas permanentes. ¿Cómo se podía distinguir un converso real de uno sospechoso? Para resolver el dilema entraba la Inquisición. En 1478, Isabel y Fernando apelaron al Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, fundado por el Vaticano en el siglo XIII. Mientras que los tribunales de la Inquisición de otros lugares fueron en busca de herejes, como con los cátaros en el sur de Francia, en España se centraron en los extraños entre ellos, los falsos conversos. Se conseguían confesiones mediante aparatos truculentos, como el colocar a una víctima sobre aparatos metálicos  para empalarla, sumergirla en el agua para simular ahogos, colgarla de las muñecas, usar el garrote vil o descuartizarla en el potro. Se citaba a testigos musulmanes o judíos para que dieran testimonio de prácticas clandestinas de sus vecinos supuestamente cristianos y así podían saldar cuentas pendientes. Al menos quince mil víctimas fueron asesinados por una supuesta falta de sinceridad con su salvador, Jesucristo.

Reflexionando sobre esta simbiosis entre lo cristiano y lo español, me parece muy importante la importancia del mito de Santiago Apóstol. Gracias al mito de Santiago Apóstol se españoliza el cristianismo y se cristianiza lo español con la consecuencia inmediata de que las otras religiones y sus creyentes pasan a ser considerados como extranjeros. La interpretación de Américo Castro es muy interesante. La idea fuerte es que este país y el español se construyen sobre un mito y una negación. Se construye sobre un mito, es decir, la identificación del ser cristiano con el ser español, que es un mito gratuito, porque no tiene ninguna base histórica. Cuando a partir del siglo XIII, XIV, XV se plantea que el español es el cristiano viejo y el cristiano, se declaran extranjeros al judío y al morisco. Ahí está la negación. Pero el judío llevaba más tiempo aquí que el cristiano, desde el siglo I, y el árabe llega casi al mismo tiempo que el cristiano, que viene con los godos, tras la caída del Imperio romano. Entonces, ¿cómo justificar este mito de que el español es el cristiano y no el judío o el árabe? Pues a través del mito de Santiago Apóstol, que dice que hay que justificar que el cristianismo es una religión autóctona. Se inventa todo eso de que vino a evangelizar y lo trajeron luego los ángeles o no sé sabe quién. Se construye todo un mito que sirve para justificar la guerra de expulsión de los musulmanes y los judíos y, al mismo tiempo, para identificar lo español con lo cristiano. Esa idea de Américo Castro me parece muy relevante y en el fondo no hemos salido de ella.

Como conclusión, cuando los Reyes Católicos murieron ya habían transformado el país con su estrategia de dividir a la población mediante la fe. Bajo su reinado, las rígidas creencias católicas generaron un proceso perpetuo de aglutinación de un “nosotros” frente a “ellos”. España, antaño, asombrosamente plural y diversa, se consolidó y se convirtió en el más intransigente de los países católicos. Expulsar a los herejes y traidores ocultos-los que estaban compinchados con los turcos- se convirtió en una cuestión simbólica y, por tanto, necesaria, eterna e irreal.  El odio compartido hacia los extraños y los enemigos reunió a la fuerza a un pueblo diverso. Una nación mixta desde el punto de vista religioso y étnico se embarcó en una cruzada para negar su pasado y purificar su futuro.

En una inscripción grabada en mármol, para que perdure eternamente, se resume en gran parte la Historia de España. España se forjó en un mito, lo cristiano y lo español de tal manera que esa unión marcará en el futuro la identidad española. Inscripción en la tumba de los Reyes Católicos en la Capilla Real de la Catedral de Granad

"Mahometice secte prostratores et heretice pervicacie extinctores, Fernandus Aragonum et Helisabetha Castellae, vir et uxor unanimes, Catholici appellati, marmoreo clauduntur hoc tumulo."

"Derribadores de la secta mahometana y extintores de la obstinación herética, Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, marido y mujer, unidos en un solo ánimo, llamados Católicos, están encerrados en este sepulcro de mármol".

Todo lo expuesto es inevitable que deje una profunda huella en el imaginario colectivo español. La población expulsada judía y morisca, a pesar de haber estado durante siglos en nuestra tierra y habiendo hecho grandes aportaciones a nuestro legado histórico, nunca han merecido el nombre de españoles. No obstante, los descendientes de los judíos, sefardíes, pueden solicitar la nacionalidad española por La Ley de nacionalidad española para los sefardíes aprobada por el Congreso de los Diputados del 11 de junio de 2015. Mas, lo cierto es que ni judíos ni moriscos son españoles en el sentir de la sociedad española. Hacia ellos persisten visiones muy negativas impuestas desde la religión católica. Hasta la década de los 60, había parroquias que organizaban festejos para «matar judíos» en Semana Santa. En algunos lugares, la gente todavía bebe un cóctel de vino y fruta llamado limonada al grito de las armas «Limonada que trasiego, judío que pulverizo». Hay muchos prejuicios antijudíos: mentirosos, tacaños y mezquinos. En el Diccionario de la RAE el término despectivo de «Judiada». Mucho más animadas son las fiestas xenófobas y racistas de «moros y cristianos». La tradición fue inventada en el siglo XIX, al mismo tiempo que la palabra y el mito de «reconquista», para conmemorar supuestas batallas locales del siglo XIII; se intensificó en la década dictatorial de 1940 y ha aumentado en el siglo XXI. Las batallas no hará falta decir quién las gana. Tradicionalmente, en algunas ciudades la fiesta terminaba con la explosión de un títere llamado La Mahoma por petardos desde dentro de la cabeza. Fiestas calificadas como patrimonio cultural español. Y ahora mismo en un campo de futbol hemos observado con profunda tristeza y como prueba de esa xenofobia, el eslogan profundamente xenófobo e islamófobo “musulmán el que no bote”. Y esta es la realidad nos guste o no. Y todo tiene un porqué, como he tratado de explicar.

La xenofobia en España no es nueva, es producto de nuestra historia
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