El archipiélago canario es el resultado de un proceso geológico largo, complejo y aún objeto de debate científico. Su origen no puede entenderse sin tener en cuenta la dinámica de las placas tectónicas, la evolución del océano Atlántico y una intensa actividad volcánica prolongada durante aproximadamente 20 millones de años.
El contexto geológico general
La historia comienza con la fragmentación del supercontinente Pangea, iniciada hace unos 200 millones de años. Este proceso dio lugar a la separación progresiva de las placas tectónicas americanas, africanas y euroasiáticas. Como consecuencia, el océano Atlántico fue ensanchándose lentamente, a un ritmo medio de unos 2 centímetros por año, mediante procesos de expansión del fondo oceánico y estiramiento de la litosfera oceánica.
Este estiramiento provocó la formación de grandes cuencas oceánicas, con profundidades que en el Atlántico alcanzan cerca de 7.000 metros, así como la aparición de dorsales submarinas y zonas de debilidad cortical. En estos contextos geodinámicos se formaron distintos archipiélagos volcánicos, como los de la Macaronesia (Azores, Madeira, Canarias y Cabo Verde), además de otros sistemas insulares del Atlántico y el Caribe.
Nacimiento de las primeras islas canarias
Desde un punto de vista cronológico, Lanzarote y Fuerteventura son las islas más antiguas del archipiélago. Las dataciones radiométricas sitúan el inicio de su actividad volcánica hace aproximadamente 19–20 millones de años, durante el Mioceno inferior.
Ambas islas parecen haber surgido de forma casi simultánea y muy próximas entre sí, a partir de una misma estructura volcánica profunda. Los estudios geológicos y batimétricos indican que comparten un basamento común, lo que explica sus similitudes litológicas y geomorfológicas.
La formación del resto de las islas se produjo de manera progresiva hacia el oeste: Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y, finalmente, El Hierro, la más joven, cuya actividad volcánica comenzó hace apenas 1,1 millones de años. Este patrón responde a una migración del volcanismo asociada al desplazamiento de la placa africana, que se mueve en dirección general sur-suroeste, mientras el Atlántico continúa su apertura hacia el oeste.
Fases de fracturación y separación
Durante una primera gran etapa volcánica, cuando Lanzarote y Fuerteventura aún formaban una unidad estructural más compacta, se produjo una intensa actividad en la zona norte de Lanzarote. En ese contexto tuvo lugar el fracturamiento del macizo de Famara, lo que dio origen a la separación de La Graciosa y del archipiélago Chinijo, actualmente individualizados pero claramente vinculados al edificio volcánico original, con una alineación heredada de la antigua zona volcánica del SOO.
En una fase posterior, conforme continuaban los procesos de estiramiento cortical y episodios eruptivos, especialmente en el sur de Lanzarote y el norte de Fuerteventura, se produjo la separación definitiva entre ambas islas. Como resultado, se formó el actual canal submarino que las separa, marcado por una quebrada submarina cuya profundidad máxima ronda los 30–35 metros entre Lanzarote, la Isla de Lobos y Fuerteventura. Fuera de esta zona, las profundidades aumentan de forma abrupta tanto hacia el este como hacia el oeste.
Cambios costeros recientes y el caso del Islote del Francés
Los procesos geológicos no se limitan a escalas de millones de años. En épocas históricas y subhistóricas también se han producido modificaciones costeras significativas, especialmente en zonas volcánicas jóvenes y litorales sedimentarios inestables.
En este contexto, no puede descartarse que el Islote del Francés, en Arrecife, hubiera formado parte del antiguo Charco de San Ginés o estuviera integrado en su estructura natural. La física terrestre del islote —tipo de materiales, morfología y relación con el entorno volcánico inmediato— es muy similar a la que presentaba el Charco hace aproximadamente un siglo, antes de las profundas transformaciones urbanas y portuarias.
Más que un islote aislado, el Islote del Francés pudo haber sido un fragmento emergente o semiemergente de una misma unidad litoral, posteriormente separado y artificialmente individualizado por rellenos, dragados y otras modificaciones humanas del litoral, frecuentes en enclaves portuarios de Canarias.
A ello se suma un elemento estructural relevante: Lanzarote presenta una quiebra física longitudinal que discurre aproximadamente desde la zona del SOO hasta el barrio de El Lomo. Esta fractura se habría originado durante distintos episodios eruptivos de la isla y pudo influir en la redistribución de materiales y bloques volcánicos. Es plausible que, conforme la isla se desplazaba gradualmente hacia el sur-suroeste, algunos fragmentos quedaran rezagados, lo que ayudaría a explicar la posición actual del Islote del Francés respecto al antiguo trazado del Charco de San Ginés.
Sobre la supuesta unión reciente de Lanzarote y Fuerteventura
No resulta verosímil la afirmación de que Lanzarote y Fuerteventura estuvieran unidas hace apenas 11.000 años, durante el último máximo glacial. Aunque en ese periodo el nivel del mar descendió de forma notable, no existen evidencias geológicas sólidas que indiquen una conexión terrestre reciente entre ambas islas.
Lo más probable es que su separación se deba fundamentalmente a procesos volcanotectónicos antiguos, y no a una simple subida posterior del nivel del mar. El análisis de las costas del norte de Fuerteventura y del sur de Lanzarote muestra un encaje morfológico notable, como si ambas partes hubieran formado una misma estructura que fue fragmentada por fallas y actividad volcánica, más que por la erosión marina reciente.
Conclusión
Las Islas Canarias no nacieron como entidades aisladas, sino como el resultado de un proceso continuo de fracturación, volcanismo y desplazamiento tectónico ligado a la evolución del Atlántico. Lanzarote y Fuerteventura constituyen el núcleo más antiguo del archipiélago y conservan las claves fundamentales para entender su origen común.
Incluso a escalas locales, como en el caso del Charco de San Ginés y el Islote del Francés, la historia geológica y geomorfológica demuestra que el territorio canario ha estado —y sigue estando— en permanente transformación.
Datos y fuentes contrastadas
1. Ancochea, E., et al. (1990–2006)
Estudios sobre la evolución volcánica de las Islas Canarias. Journal of Volcanology and Geothermal Research.
2. Carracedo, J. C.
Los volcanes de las Islas Canarias. Editorial Rueda / CSIC.
Referencia fundamental sobre cronología volcánica y migración del volcanismo.
3. Instituto Geológico y Minero de España (IGME)
Mapas geológicos y memorias explicativas de Lanzarote y Fuerteventura.
4. US Geological Survey (USGS)
Datos sobre expansión del fondo oceánico y tasas de deriva continental.
5. NOAA – National Oceanic and Atmospheric Administration
Batimetría del Atlántico Norte y profundidades oceánicas máximas.
6. Cartografía histórica y fotografías aéreas de Arrecife (siglo XX)
Cambios morfológicos del Charco de San Ginés y su entorno litoral.
Apostilla aclaratoria del autor
Este texto desarrolla algunas observaciones geológicas y geomorfológicas que no se incluyen en el artículo principal para no romper su fluidez, pero que explican el marco físico y territorial desde el que se realizan determinadas afirmaciones.
1. Canarias no nace de África, nace del océano
Las Islas Canarias no son fragmentos continentales africanos, ni una prolongación rígida del continente. Se asientan sobre corteza oceánica, generada durante la apertura del Atlántico, cuando África y América comenzaron a separarse.
En ese proceso de separación continental, la litosfera oceánica sufrió:
- adelgazamiento progresivo,
- tensiones extensivas,
- fracturación profunda y persistente,
- y la creación de zonas de debilidad estructural en las entrañas del lecho marino.
Es en este contexto donde deben entenderse las Canarias: como el resultado del ascenso magmático a través de fisuras volcánicas profundas, activadas y reactivadas durante millones de años, y no como volcanes “nacidos” directamente de una placa continental.
2. El volcanismo necesita fisuras: el límite del relato del “hotspot”
El modelo del hotspot, presentado a menudo como explicación única, resulta insuficiente si no se acompaña de la tectónica real del terreno. El magma no asciende de forma abstracta: necesita caminos, y esos caminos son:
- fracturas,
- fallas,
- sistemas de diques,
- y zonas litosféricas debilitadas.
Las alineaciones volcánicas repetidas, la orientación constante de conos y la distribución ordenada de los centros eruptivos indican claramente la existencia de estructuras profundas que controlan el volcanismo.
3. La fractura estructural de Lanzarote: una hipótesis basada en la física del terreno
En Lanzarote se observa una franja estructural claramente identificable, perceptible incluso mediante teledetección (Google Earth), caracterizada por:
- alineaciones volcánicas coherentes,
- repetición direccional de conos,
- continuidad geomorfológica,
- y contraste físico a ambos lados de la estructura.
Esta franja estructural, localizada entre Soo y el barrio de El Lomo (Arrecife), no puede explicarse como una simple acumulación aleatoria de volcanes. Todo apunta a la existencia de una fractura volcánica profunda o sistema estructural longitudinal, que ha condicionado la salida del magma y la evolución de la isla.
Esta interpretación no se presenta como dogma, sino como hipótesis razonada, basada en la observación directa del territorio y en la lógica de los procesos geodinámicos conocidos. Se trata además de una franja claramente apreciable mediante Google Earth, coincidente con la zona por donde históricamente ha circulado el jable de la isla.
4. La Graciosa: continuidad física, no isla aislada
La Graciosa no encaja bien en la definición de “isla volcánica independiente” cuando se analiza desde la geomorfología:
- existe continuidad de plataformas,
- similitud de materiales,
- ausencia de una ruptura tectónica profunda clara,
- y una relación física directa con el norte de Lanzarote, en la zona de Soo.
Todo ello sugiere que su separación responde mejor a procesos de fractura, hundimiento o reconfiguración costera, más que a un origen volcánico aislado y autónomo.
5. El Islote del Francés y la evolución del Charco de San Ginés
El Islote del Francés presenta una morfología y una física terrestre coherente con el entorno inmediato de Arrecife. Su posición actual resulta difícil de explicar sin considerar:
- una configuración costera distinta en el pasado,
- un Charco de San Ginés más amplio,
- o una antigua continuidad terrestre hoy fragmentada.
Esta hipótesis se apoya en la reconstrucción paleogeográfica, una herramienta habitual en geología histórica, y no en suposiciones arbitrarias.
6. Separación de islas: procesos lentos, no rupturas recientes
Las separaciones entre islas como Lanzarote y Fuerteventura no responden a eventos recientes, ni a simples variaciones del nivel del mar. Son el resultado de:
- fracturación antigua,
- subsidencias,
- volcanismo prolongado,
- y reajustes estructurales a gran escala.
Reducir estos procesos a explicaciones simplistas desvirtúa la verdadera dimensión temporal y física del archipiélago.
7. Orientación de los cráteres y sentido de deriva del archipiélago
Una observación física repetida en prácticamente todas las islas del archipiélago refuerza la idea de un crecimiento y desplazamiento progresivo de este a oeste: la ruptura predominante de los cráteres volcánicos hacia el este.
En volcanología, los cráteres abiertos o colapsados en una dirección concreta no son un fenómeno casual. Suelen indicar:
- la dirección de menor resistencia estructural,
- el sentido preferente de desplazamiento del edificio volcánico,
- o la influencia de tensiones tectónicas dominantes durante y después de la erupción.
El hecho de que volcanes de distintas edades y en diferentes islas muestren sistemáticamente sus cráteres rotos hacia el este sugiere un patrón regional coherente, no explicable por procesos locales aislados.
Esta orientación es compatible con un desplazamiento progresivo del sistema volcánico hacia el oeste, mientras las estructuras más antiguas quedan rezagadas hacia el este, marcando así el sentido de deriva y crecimiento del archipiélago.
Lejos de ser un detalle menor, esta observación geomorfológica aporta un indicador físico visible del movimiento relativo y de la evolución temporal de las islas, reforzando la idea de que Canarias se ha ido construyendo de este a oeste a lo largo de millones de años.
Conclusión
Las Islas Canarias son el resultado de millones de años de fracturación litosférica, adelgazamiento oceánico y volcanismo canalizado por estructuras profundas. No nacen de África como extensión continental, sino del océano, en un contexto dinámico y prolongado.
(Un proceso similar puede extenderse al conjunto de la Macaronesia).
Las hipótesis aquí expuestas —sobre la fractura de Lanzarote, la relación con La Graciosa y la evolución del Islote del Francés— no pretenden cerrar el debate, sino abrir nuevas vías de interpretación basadas en la observación física del territorio.
La geología avanza cuando alguien se atreve a mirar el suelo con ojos propios.
