lunes 16/5/22

De esto sí vale la pena escribir

Ocurrió en Turquía. Una perrita llamada Boncuk esperó una semana en la puerta de la clínica en la que habían internado a su dueño, hasta que le dieron el alta. La perra llegaba por la mañana y se echaba en la puerta del hospital, sin atreverse a entrar en el centro. Su dueño podía hablarle desde la ventana de la habitación en la que se recuperaba. Por la noche, los familiares del enfermo la llevaban a su casa, pero a la mañana siguiente, Boncuk volvía a acudir, ella sola, al hospital, a esperar a su amo. La historia tiene un final feliz. El propietario de Boncuk, que se llama Cemal Centürk, fue dado de alta y, completamente restablecido de una intervención urgente, recuperó a Boncuk y ambos regresaron a su casa. La noticia, que se ha hecho viral en las redes, habla de la fidelidad de estos animales hacia sus dueños y de la necesidad de aumentar drásticamente las penas para los maltratadores de animales. De esto sí vale la pena escribir y no de los disparates de políticos semi analfabetos, de decisiones disparatadas de los gobiernos, de mamandurria generalizada y de otras zarandajas de similar ralea. Cuando escribo tengo a Mini, mi perrita yorkshire, echada en su cama muy cerca de mí. Tiene diez años. Ya saben que le tuvimos que amputar una pata a causa de un tumor en la excelente clínica veterinaria María Jiménez. Jorge, el cirujano, hizo una intervención perfecta. También la operó de una piómetra, con el mismo resultado positivo. Mini es mi mejor compañera, me da afecto y ternura a cambio de nada y estoy habituado a sus ronquidos y a sus manías, lo mismo –supongo— que ella a los míos. En fin, la historia es buena para publicar en domingo, que debería ser un día de paz y de sosiego.

Publicado en Diario de Avisos

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