miércoles 8/12/21

Semana poco o nada bendita

Dios, en su inmensa bondad, nos ha mandado la pandemia. Por eso no creo en Él, porque Dios es un cúmulo de desgracias más que un conjunto de venturas. La historia demuestra que el Dios de los católicos es una catástrofe, aunque de otros dioses y profetas guárdenme también un cachorro. Además, no entiendo el famoso misterio de la Santísima Trinidad, por mucho que el recordado y bondadoso padre Pablo Díez, agustino a quien el Puerto le debe una calle, se empeñara en explicármelo. La religión católica me recuerda constantemente a la intransigencia en los púlpitos, a la vieja guerra santa -parecida a la actual yihad o como se llame- y a crímenes en nombre de ese Dios en el que no creo. A lo mejor es que soy demasiado simple para los dogmas o puede que los laberintos de la fe sean para mí una asignatura que jamás voy a aprobar. No quiero tener nada que ver con el terror sicológico, y mucho menos con el físico, de cualquier religión al uso, sea la que sea. Esta será, pues, una semana nada bendita, nada santa, porque ni habrá procesiones, con su carga turística correspondiente, ni misas, ni monumentos, ni nada. Lo único que se mantiene inalterable es el ocio generalizado de la población empleada, que no dispara golpe -con excepciones- en esta época ya marcada como festiva por los siglos de los siglos. Este año, la Semana poco santa ni bendita, se ha asociado con la pandemia y da pie a fiestas contagiosas y otras tropelías de los que no tienen nada en la cabeza. Quiero decir que habrá más muertes, más contagios y, además, más costo para las arcas públicas. Leo que en Madrid se vacunan ya los de 65 años. Yo voy a cumplir 74 y no me han llamado ni para saludarme. Qué bien vivís los canarios, dice habitualmente el godo. Y eso.

Publicado en Diario de Avisos

Semana poco o nada bendita
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