domingo. 04.12.2022

El colegio

Nunca voy a las reuniones convocadas por viejos compañeros de colegio. Me parecen aburridas y sólo se recuerdan en ellas cosas absurdas, banales, vacías. En realidad, la infancia y la juventud de la mayoría son aburridas y llenas de lugares comunes. No opongo resistencia a esas reuniones retrospectivas, pero no participo en ellas, así que ahora no me convocan, lo cual agradezco. Salgo poco. ¿Saben por qué? No es por miedo a la pandemia, sino porque las conversaciones me aburren en general, no me aportan nada nuevo. Me he convertido en un sociópata y como la política tampoco me interesa puedo decir que igual de indiferentes me parecen Antonio Iglesias, Pepe Sánchez y No sé qué Casado. A mí la que me gusta es Cayetana la marquesa; y la mandaron a casa. Conozco gente que se pasa la vida convocando a los amigos del colegio, incluso imprimiendo folletos con los caretos de la época, deformados hoy por el tiempo. No me interesa nada de eso, ni comparto esas fotos en las redes, sencillamente porque no he usado jamás las redes; sólo Internet para cumplir con el envío de mis artículos y para sacar algún dato o ver alguna foto que me interese, pero jamás de los colegios en los que estudié. En los tres lo pasé bien, pero la época se fue, no creo que sea preciso volver a reunirse para recordar majaderías tipo si la profesora, ya cadáver, dijo o hizo esto o aquello, o si estaba enamorada de Fulano de tal, que era un crack y hacía muy bien la gimnasia, trepando por la cuerda como un mono. Ahora permanezco en mi castillo, que es donde me gusta estar, rodeado de recuerdos y de machangadas y escribiendo una novela que seguramente romperé en mil pedazos antes de terminarla. Por cierto, que Agapea está vendiendo un resto de Los gallos de Achímpano. ¡Qué alegría!

Publicado en Diario de Avisos

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