martes 26/10/21

Vivir entre volcanes

Estos días que corre la lava por la isla de La Palma me acordé de mi participación en el municipio de Yaiza en varias jornadas dedicadas a profundizar sobre el fenómeno volcánico en Canarias. En todas, dirigidas a cuerpos de emergencias y población en general, hubo un mensaje constante: informar no es alarmar.

Canarias es la única región volcánica activa del territorio español con riesgo volcánico, así que aunque en nuestro día a día no veamos cercana ni pensemos en una erupción, episodios como el de La Palma nos recuerdan la realidad de vivir entre volcanes.

Por algo, repito, sin alarmar, existe en el Archipiélago el Plan de Protección Civil y Atención de Emergencias por Riesgo Volcánico (PEVOLCA) y el Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN) promovió en su momento un programa divulgativo interesantísimo con el objetivo de llegar a ciudadanos de todas las edades, especialmente a los escolares. Personalmente valoro mucho toda la información recogida en ‘Canarias: una ventana volcánica en el Atlántico’.

Para reducir el riesgo volcánico, explicaban los expertos, son fundamentales tres aspectos: elaboración de mapas de peligrosidad, programa de vigilancia volcánica para saber cuándo y cómo será la erupción y la redacción de un plan de emergencia. La ciencia al servicio de la comunidad para evitar la pérdida de vidas humanas. Para el conjunto de la población también es importante conocer en qué se invierten dineros públicos y para los científicos es esencial poner en valor la investigación y su utilidad en la vida práctica.

En este caso el objetivo es ayudar a la población y a los cuerpos de seguridad y emergencia a comprender mejor los peligros y reducir el riesgo volcánico. En una de las jornadas visualizamos erupciones en varios puntos del planeta, con imágenes impactantes del efecto devastador sobre el territorio. Existe una enorme diferencia entre una población informada y otra desinformada o en considerar un plan de emergencia o pasar de él. La diferencia se constata en el número de víctimas mortales.

En Colombia, por ejemplo, por falta de atención y prevención, la erupción del volcán Nevado del Ruiz, en el año 85, sepultó un pueblo entero, Armero, dejando más de 23.000 muertos, terrible. Los volcanólogos que monitoreaban al llamado ‘león dormido’ advirtieron sobre su inminente erupción pero a pesar de que se trazó un mapa de riesgo la divulgación fue escasa y la población nunca llegó a ser consciente del peligro real. Informar no es alarmar.

Los antecedentes confirman que es imprescindible informar y educar a la población, disponer de un sistema de comunicación de alertas infalible y ensayar el plan de emergencia. En Canarias hay tareas de vigilancia, monitoreo y trabajo de campo. El que la información llegue al mayor número de personas posible depende de las administraciones públicas, pero también de nuestro interés porque coincidirán conmigo en que muchos cursos y charlas gratuitas de cualquier temática se desarrollan con auditorios semivacíos.

Tenemos al alcance ser una comunidad mejor organizada e informada ante el riesgo volcánico y así llegar a ser mucho menos vulnerables que una comunidad que desconoce o ignora las amenazas volcánicas que la rodean y que por tanto no se organiza para responder a ellas. La tragedia de La Palma es un nuevo toque de atención en la historia de Canarias marcada por las erupciones volcánicas.

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