domingo. 21.06.2026

Me vestí de negro

Me vestí de camisa negra, confieso, sin ninguna pretensión simbólica, aunque mirando con atención a la tribuna de oradores del histórico e imponente paraninfo de la Universidad Complutense de Madrid, no solo sentí que mi camisa se cargó de simbolismo, sino que hasta me hallé con el pelo largo, totalmente identificado con el discurso de Alicia Sánchez Díez, profesora de Catalogación Automatizada de la facultad de Ciencias de la Documentación. El pasado 19 de junio fue la madrina de los estudiantes en el acto de graduación de Información y Documentación de la promoción 2026.

Despojada de su traje académico, en protesta por los recortes económicos que está sufriendo la universidad, asfixiada por la Comunidad de Madrid que gobierna el Partido Popular, y vestida de negro en señal de duelo por el apremio de la situación y en apoyo a las movilizaciones callejeras, como la del 13 de mayo en Madrid, que visualizan, a través de la oscuridad del negro, el luto por el delicado estado de la educación pública, Alicia Sánchez lanzó un mensaje claro, directo y potente lleno de emotividad y argumentación crítica.

Su voz representa a quienes pensamos que la educación en general y la institución universitaria, con igualdad de oportunidades, dando sentido real a la perspectiva pública, deben constituirse en la mayor fuente de conocimiento, pensamiento crítico y debate, abriendo caminos a la investigación y la cultura.

Estamos infectados de desinformación, anestesiados por las redes sociales, fumigados por bulos y atacados a mansalva por la falta de memoria histórica, una especie de grado superlativo del Macondo garciamarquiano contagiado por la peste del insomnio y del olvido.

Por eso, en la ceremonia de grado de la ‘Complu’, me gustaron, además, los discursos de jóvenes estudiantes y profesores de grado y másteres de Ciencias de la Documentación, comprometidos y muy conscientes de lo que ha supuesto para el desarrollo de su vida personal y profesional la oportunidad de estudiar en la pública con el apoyo de madres, padres, familias y la comunidad universitaria. Chicos y chicas defendieron la libertad de expresión, igualdad, inclusión y derecho a la educación y la vivienda. No son privilegios, son derechos.

Efectivamente, estimada profesora Sánchez, una universidad pública no es una empresa del IBEX 35, ni Caixa, Santander o BBVA, que nos refriegan sus millonarias ganancias trimestrales, la educación es un servicio público esencial que no está para engordar números. “Esto es la Universidad Complutense, no un contubernio capitalista al que se le pueda exigir exponer los beneficios de sus cuentas ante gobiernos utilitaristas, autoritarios por necedad”.

Aludiendo al pensador italiano Nuccio Ordine, recordó la dimensión universal de la función educativa: ningún oficio o profesión puede ejercerse de manera consciente si las competencias técnicas que exige no se subordinan a una formación teórica, cultural, política y social más amplia, capaz de animar al alumnado a cultivar su espíritu con autonomía y dar libre curso a sus curiositas (inquietud intelectual y deseo de saber). “Estoy hablando también, de enseñar a ejercer el pensamiento crítico”.

No hay razones objetivas para no compartir la defensa de la universidad pública, “la de las minorías”, sí, la mismísima “que lucha por esas cosas inútiles que son la diversidad, la inclusión, la igualdad de género, la que lucha por mantener las ciencias del pensamiento…”.

De acuerdo profe, el futuro no se construye en parlamentos, rectorados, despachos de gobierno o entre facturas, el futuro se construye cada día dentro del aula de clase. Echamos en falta más voces y acciones valientes que abran mentes y abracen distintas sensibilidades.

Me vestí de negro
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