jueves 29/10/20

Crónicas de Lanzarote

Burundanga suena en la política española

 

Pedrito le dio a Pablito

Pablito le dio al otro Pablito,

El otro Pablito le pegó a Santiaguito le echó a Inesita

Les hinchan los pies…

Escuchar o, peor, ver, las sesiones de control al Gobierno español en el Congreso de los Diputados es como sentirse espectador de la interpretación más sainetesca de Burundanga, la pegajosa canción escrita por  Óscar Muñoz Bouffartique, popularizada por Celia Cruz con la legendaria Sonora Matancera.

Me pasó al escuchar, mientras conducía, ¡vaya peligro!, la Burundanga, llámese cruce de descalificaciones entre los portavoces de los distintos grupos políticos, que, imagino en su fuero interior, creen debatir sobre temas trascendentes para el bienestar de los ciudadanos, la misma semana que el Fondo Monetario Internacional (FMI), ese todopoderoso que el escritor Eduardo Galeano señalaba como uno de los organismos que desde hace 75 años, junto al Banco Mundial, “gobiernan a los gobiernos sumisos”, sacaba su informe de perspectivas económicas dictaminando que España será el presente ejercicio la economía más golpeada por el covid-19, con una caída del PIB estimada en el 12,8%, esperanzas de recuperación solo hasta 2023 y ritmo de empleo para más allá de tres años, afectado el país sobre todo por el desplome de la industria turística.

Hace unos años contaba Galeano que escuchó a un cocinero que reunió a las aves para preguntarles con qué salsa querían ser comidas. Una humilde gallina respondió entonces —nosotros no queremos ser comidas de ninguna manera—, pero el cocinero de reacción rápida aclaró  —eso está fuera de la cuestión—. “El mundo está organizado de tal manera que tenemos el derecho de elegir la salsa con la que seremos comidos”, anotaba el autor uruguayo en una de sus estupendas metáforas globales sobre la “democracia” institucional.  

Mientras nos apisona la pandemia, con Europa entera en vilo, y acecha el cocinero FMI, los “padres” de la nación están más pendientes de la negociación para  renovar el órgano de gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, que no digo que no sea importante, o de la inútil moción de censura presentada por la derecha extrema española.

Y como leitmotiv, el conflicto entre el Gobierno central y la Comunidad de Madrid por las medidas restrictivas para frenar la escalada del virus en sus días más preocupantes de nuevas olas y rebrotes, un desencuentro que suelta un repugnante tufo politiquero.  ¿Qué pensarán los ciudadanos de las prioridades de unos y de otros?

La misma semana de la función Burundanga leo un reportaje de investigación periodística que retrata la realidad de la UCI de uno de los hospitales de referencia de la capital, donde el médico director de la unidad desvela que están siendo allí atendidos pacientes de menos de 40 años de edad. “La UCI no es un sitio para entrar a morir, la UCI es un sitio para entrar a vivir (…) cuando no hay camas para todos hay que priorizar, aunque todavía hay camas libres lo que pasa es que siempre  ha habido criterios para cribar”, reza el texto publicado por la web de Cadena Ser, dejando explícitas las palabras del facultativo.

La mayoría de fuerzas políticas piden responsabilidad a la población, y con razón, porque, comprobado, los desmanes y la relajación disparan las cifras de contagios, también pedimos responsabilidad quienes gozamos del privilegio de tener un espacio de opinión como este, pero estaría bien un mayor ejercicio de responsabilidad de los  llamados a gobernar y de los llamados a fiscalizar la gestión de gobierno, que ambos han sido elegidos por los ciudadanos a quienes sonrojan con comportamientos pueriles.

Creo que poco o nada nos interesa por qué fue que Pedrito (PSOE) le dio a Pablito (PP); o por qué Pablito le dio a Pablito (Podemos); o por qué  Pablito le pegó a Santiaguito (Vox); o por qué Santiaguito le echó a Inesita (Ciudadanos)…, en un desafinado coral, que con la que está cayendo, produce hartazgo y desconfianza. Al parecer solo hay consenso para sobreactuar la estupidez en un trabalenguas de conflictos de intereses personales y/o partidistas.  

Ya que la RAE publica cinco definiciones de la palabra Burundanga, según qué país, propongo a manera de encuesta escoger la opción más apropiada para la política nacional española:

a. Enredo, confusión.

b. Cosa inútil y de poca entidad.

c. Sustancia soporífera que se le administra a una persona para robarle.

d. Plato en que entran diferentes hortalizas.

e. Disparate.

f. Todas las anteriores. (Esta no está en la RAE).

Aparte de Burundanga, y al hilo de los intereses de los “padres” de la nación, esta semana también recordé la canción salsera de la Fania All Stars,  Quítate tú pa’ ponerme yo.

Burundanga suena en la política española
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