lunes. 06.02.2023

A Pedro el Cangrejo

¿Qué nos hiciste Pedro? ¿Tuviste que irte solo a las Américas para volver cruzando el Atlántico como si fueras a surcar los mares, tal y como te gustaba hacer con tu “Caboandrés” ? ¿Y ahora qué hacemos con tantas vivencias? Razón tenías cuando cantabas “My way” de Frank Sinatra, “ A mi manera “ en español, tantas veces en el karaoke El Muellito ; la canción habla de un hombre de avanzada edad, ya cercano a la muerte, que mira satisfecho el acontecer de su vida, mientras relata algunos de los aspectos más relevantes de ésta a un amigo, que lo escucha atentamente sentado a su lado. Seguramente si te preguntaran por ese amigo hubieses dicho que Carmelo, tu fiel y leal amigo. Ya sé que la cantabas desde hacía tiempo, la hiciste tuya, tan tuya que te bajaste del barco en Miami después de una travesía caribeña, te inscribiste en un concurso de karaoke, la cantaste y te llevaste el primer premio de calle. Así nos hiciste ver a todos los que tuvimos la suerte de tenerte como amigo, que la vida hay que vivirla, disfrutarla, aunque se hayan pasado dificultades. No éramos tu tripulación, no tenías; pero allí donde íbamos nos vestías con la camiseta verde graciosera y el gorro conejero para que supieran que Lanzarote había llegado. Nos hacías sentir orgullosos de ser “ tu tripulación “. Siempre con el estandarte de Lanzarote en lo alto del mástil. ¡ Qué bien lucía en tu goleta la bandera turística de la isla en cualquier marina del mundo ! ¿ Y luego ? Luego había que comer porque hasta para eso tenías maña y arte. Todas las semanas en tu casa la fritura de pescado de los viernes. Tú, Manolo, Carmelo, Víctor, yo, siempre se unía tu hija Cristina, tu nieto Marcos, tu nieta Manuela, Celestino a veces, otras Carlos, tu yerno Cuco, tu hijo Jorge, y generalmente con sorpresa culinaria: una natillas calientes con manzana al estilo inglés, unas papas fritas nuevas que traía Manolo, que no sé cómo las hacías, que eran mantequilla en la boca, unas batatas cocidas, lo que fuera. Vamos que lo mismo daba un primer plato, segundo, postre o el cola cao calentito que preparabas en el barco en esas tardes navegables donde la brisa del alisio nos refrescaba la cara y entraba el pelete. Todo se te daba bien porque a todo le pusiste ganas y corazón. Sabías ayudar con discreción. Muchas personas en la isla pueden decir que salieron de algún apuro económico por trabajos que le encargó Pedro el Cangrejo y otros podrán presumir con orgullo de haber salido de la isla y haber visitado lugares donde jamás hubieran ido y quizás nunca más volverán. Así era Pedro el Cangrejo, espléndido con todo aquel que viniera con buenas intenciones. Te hacía partícipe al momento de cualquier vivencia que estuvieras experimentando; ya fuera en el barco, como cuando llevó a Machín y a la redacción de Crónicas de Lanzarote a la Isla de Lobos a pasar el día y comernos una paella, cantando canciones de los Beatles con su inseparable guitarra, haciendo puzzles ( porque le encantaban para ejercitar el cerebro ), cocinando o simplemente contando chistes. Sí, porque sin su sonrisa no sería Pedro, ni siquiera El Cangrejo. Así es como querría que lo recordaran: sonriendo a la vida. Nos dejas rotos, doloridos, vacíos de tu compañía, desgarrados interiormente, pero también llenos de experiencias inolvidables, irrepetibles, insustituibles; que sin ti, no serían igual. Gracias de corazón Pedro. Gracias amigo, por todas las felices vivencias que me hiciste pasar. De vez en cuando si Dios te deja, convéncelo con uno de tus chistes o una de tus canciones, dibuja un CANGREJO en el cielo para que nunca te olvides de nosotros, porque nosotros nunca te olvidaremos. ¡ GRACIAS !

A Pedro el Cangrejo
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