lunes. 22.04.2024

Carta abierta a José María Aznar

Querido José María,

Días antes del 1 de abril de 1990, tuviste el admirable gesto de entregarle en privado a Don Manuel Fraga tu incondicional renuncia, sin fecha, al cargo de presidente del PP para que, cuando él lo creyera oportuno, usara esa carta con la que exigirte tu dimisión y prescindir de ti. Por tanto, accedes a la presidencia sometido voluntariamente al fundador, hecho que puso en valor tu lealtad y compromiso desinteresado. La respuesta del inolvidable gallego pasó a la historia cuando en aquel repleto Palacio de Congresos del Recinto Ferial de Sevilla gritó: “ni tutelas ni tu tías”, mientras rompía la carta y te otorgaba plena libertad. Había comenzado la era Aznar controlada desde ese mismo momento por ti; tardaste 6 años en acceder a la presidencia del Gobierno de España y presentaste 13 años después el mejor compendio de indicadores económicos y sociales (PIB, déficit público, deuda pública, creación de empleo y paro) que se ha visto en España en los 42 años de la actual democracia. Tuviste un fallo de índole personal que muchos no entendimos y uno estratégico que implicó que el PSOE, contra todo pronóstico, regresase al poder en 2004. El primero fue el esperpento de la boda de tu hija, que demostró un endiosamiento improcedente del que sé que te has arrepentido posteriormente. El segundo fue la nefasta gestión de los atentados del 11-M, en el que estuviste aturdido y bloqueado ante la debida correcta toma de decisiones y cometiste gravísimos errores de comunicación que indujeron a que los resultados electorales dieran un vuelco que sorprendió a todos, incluyendo a los ganadores. Ambos fallos los asumí y, pese a ser muy graves, no impidieron que siguiera admirándote y considerándote paradigma político.

Yo entré al PP de tu mano, de hecho, tú firmaste mi formulario de afiliación abriéndome la posibilidad de una larga carrera política en la que desempeñé altas funciones en los poderes ejecutivo y legislativo, además de afrontar multitud de responsabilidades orgánicas, incluyendo la de formar parte de la Junta Directiva Nacional. Desde que dejaste la política te has mantenido en un discreto plano sin renunciar a brillar esporádicamente en las intervenciones que te requería el partido, mostrando entonces sin complejos tus opiniones que no siempre eran bien encajadas por la cúpula, pero sí por una inmensa parte de afiliados, simpatizantes e, incluso, españoles que no tenían que ver ni con la política ni con la organización de la que fuiste presidente de honor y a la que, por cierto, renunciaste. Esa renuncia a la presidencia de honor fue impactante porque acusaste al PP de ser un partido acomplejado y que se dejaba llevar por “el relato de sus adversarios”, diciembre de 2016. Qué lejos quedaba aquella época en la que se derrochaba valentía, en la que nos alineábamos con los buenos en contra del malo atracando el Galicia en el puerto de Um Qasr, Irak, para prestar ayuda humanitaria y sanitaria, tal y como informaste en el Congreso de los Diputados. O cuando palpándote las extremidades para comprobar si estabas entero decías: “estoy bien, estoy bien, ¿cómo están los míos?”, tras la explosión de los 40 kilos de amosal, con 40 de tornillos, que reventaron tu coche oficial y derrumbaron una vivienda, falleciendo en el derrumbe una señora, siendo jefe de la oposición. Lamentablemente, 21 años después calificabas a tu partido de acomplejado.

Y llegamos así a la moción de censura presentada por VOX en 2020. Según Wikipedia, la moción es un procedimiento por el que los partidos pueden exigir responsabilidad política al poder ejecutivo. Dada la dramática situación que vivimos y que tan insólitamente está gestionando el gobierno socialista comunista, la inmensa mayoría de españoles exigimos a diario explicaciones de por qué presentamos la peor foto relativa de la pandemia del mundo, o de cuáles son las causas de que nuestros indicadores económicos sean los peores y los que más se están degradando de la OCDE, o de hasta dónde vamos a transigir con los separatistas y con los que asesinaron hasta el 2009. El hecho de conocer la imposibilidad aritmética de que Abascal acabara siendo presidente del gobierno no restaba un ápice de expectación e imperiosa necesidad a la posibilidad de ver a Pedro Sánchez y a sus socios justificando qué está pasando en España, es decir, justificando lo injustificable. Pero, ocurrió lo peor, lo más inesperado y decepcionante: el líder del PP atacó brutalmente a Santiago Abascal; le trató peor de cómo lo hicieron los propios socialistas, comunistas, separatistas y filo etarras, votando exactamente lo mismo que todos ellos.

Dicen que tú has estado detrás de la absurda postura de Pablo Casado, pero yo no me lo creo. Absurda postura en la medida en que podía haber evitado alinearse con los enemigos de España y responsables de que vayamos de mal en peor. Absurda porque podía haber puesto el acento en relatar las barbaridades de la gestión del gobierno y sus socios. Absurda porque podía haber establecido las diferencias del PP con VOX, incluso, absurda porque podía haber criticado la carencia aritmética de la moción. Pero, en ningún caso, el que fue tu colaborador cuando gobernabas debió votar junto a los que votó. No me creo que hayas sido el mediocre cerebro que ha estado detrás de esta metedura de pata. No me cuadra, tú no puedes haber estado urdiendo una estrategia tan torpe. Es inimaginable que después de desmarcarte airadamente de tu defín, Rajoy, hace cuatro años, por acomplejado, cuando renunciaste a la presidencia de honor del PP, apoyes ahora una maniobra de disolución del PP en el ácido del manifiesto complejo de inferioridad de Pablo Casado, ante Santiago Abascal y ante VOX.

Sabes cómo contactar conmigo para confirmarme que tu posición es la de la mayoría de afiliados y simpatizantes del PP, así como la de millones de españoles, que es la de estar profundamente incómodos porque Casado haya renunciado al liderazgo de la oposición en favor de Santiago Abascal; que es la de estar horrorizados porque el líder del PP haya preferido la portavocía de los censurados; y que es la de sentir vergüenza ante las loas de los destructores de nuestra democracia. ¿Te acuerdas de tu comienzo como presidente del PP y de aquel emocionante “ni tutelas ni tu tías”?, pues eso. Dime que no has sucumbido ni al buenismo ni a la corrección política. Un abrazo.

Lanzarote, a 26 de octubre de 2020

Carta abierta a José María Aznar
Comentarios